Viceversa

 

Una enferma en la familia

Por Nora Bär

 

Mami, me duele todo y tengo fiebre... ¿Voy al médico o espero?" Hace un rato, bastaron un par de frases de mi hija mayor del otro lado del teléfono para que se esfumara en un instante mi habitual suficiencia de periodista especializada en temas científicos. No importó que apenas unos minutos antes hubiera repasado las directivas de la Organización Panamericana de Salud con respecto a la influenza H1N1 (de lo que se informa en las páginas 14 y 15 de esta edición), que hubiera seguido día a día cada una de las particularidades del nuevo virus que intriga a los científicos, como por ejemplo su insidiosa predilección por los más jóvenes, su notable habilidad infecciosa o su letalidad, hasta ahora moderada si se tiene en cuenta que las complicaciones de la conocida y familiar gripe estacional dejan todos los años una estadística de víctimas nada despreciable.

 

"Sí, sí, no te dejes estar", me oí contestar sin el más mínimo vestigio de duda y contrariando toda la teoría que había elaborado sobre el caso. Ipso facto, mis neuronas maternas se pusieron en estado de alerta, lo que derivó en un seguimiento minuto a minuto -a distancia y conexión telefónica de por medio- de los parámetros vitales de la reciente engripada.

 

Diana Cohen Agrest lo expuso recientemente (en un artículo publicado en "Notas") con agudeza filosófica: vivimos inmersos en un "mar de los Sargazos" de temores que cualquier mínima señal puede reavivar.

 

Un dolor inesperado en el brazo izquierdo nos lleva a pensar en el infarto; una molestia en la zona hepática, en el cáncer de hígado; el repetido olvido de las llaves, en una alteración neurológica, y los que tenemos alguna posibilidad de viajar en avión podemos llegar a desayunar, almorzar y cenar pendientes del "pitot", horrorizados por la posibilidad de que el diminuto equipo que nunca hasta ahora habíamos oído nombrar verdaderamente haya causado el accidente del fatídico vuelo AF447.

 

Los periodistas solemos estar bien informados, pero esto de nada sirve cuando enferma uno de nuestros seres queridos, y al igual que cualquier hijo de vecino nos desespera la posibilidad de que la desgracia caiga de nuestro lado. Con la misma escena "clonándose" de a miles, pero en hogares con bebes, chicos y jóvenes, algunos de ellos con salud endeble, ¿qué otra cosa puede esperarse más que guardias hospitalarias atestadas y servicios médicos domiciliarios sobrepasados?

 

Por eso, más que nunca hay que mantener la calma y no desesperarse. Estar atentos, sin dejarse llevar por la irracionalidad. Actuar solidariamente como seres humanos. En esto no hay fronteras ni nacionalidades que valgan.

 

Comentario de Horacio Krell

 

17.06.0905:37

 

  • El espíritu de contradicción existe desde que tenemos uso de razón. Es una lucha entre la imagen y la palabra, el corazón y la razón, el plan y la intuición. En los albores de la humanidad un mono se quedó en el árbol, es el simio de hoy. Otro mono decidió enfrentar los riesgos de la llanura, es el hombre. Cuando se puso de pie la mano ejecutó las decisiones del cerebro, la boca dejó de tomar el alimento, el rostro se aplanó y los ojos desde lo alto se transformaron en su sentido intelectual.

  • El cazador agachado sobre la tierra leyendo las huellas fue el precursor de la invención del alfabeto que creó un mundo complementario, el mundo de la razón. Aristóteles, el padre de la inteligencia emocional dijo: ´"es fácil ponerse nervioso, lo difícil es hacerlo con la persona correcta, con la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la manera correcta".

  •  Un cuento: El virus le dijo al anciano “Vengo de cobrar 10.000 vidas”. “Pero murieron 20.000”. “Yo cobré 10.000, las restantes se las llevó el miedo”. Las emociones son impulsos que llevan a que la mente racional se subordine a la emocional. La preocupación paraliza, la ocupación motoriza. Listar problemas, formular preguntas, conocer los límites, no duplicar riesgos, aumenta el área de control. El que espera desespera. Es en la acción y no en la preocupación donde el cerebro racional y el emocional se complementan. Los fantasmas son imaginarios pero el miedo es real. A lo que hay que tenerle miedo es al miedo.

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Comentarios sobre el escrito de Horacio Krell

17.06.0923:28

 

  • Muy bueno su post Don Horacio. Al final vivimos en una sociedad hiperinformada que nos vuelve más vulnerables si no sabemos como manejar ese permanente bombardeo de información sin "des-esperar". Ese desbordamiento por el exceso de información parece ser más común entre los adultos de 50-60 años. Lo que dice Nora es propio de una madre muy informada y "pre-ocupada" por la seguridad de su hija. Sin embargo, las nuevas generaciones de "mutantes informáticos" muestran una pasmosa habilidad para manejar con soltura la información. Pareciera que siempre tienen el control de las cosas en su debido lugar ¿Será un extremo de subdesarrollo emocional debido al "pre-dominio" de la parte racional del cerebro?. A veces las emociones vienen del subconsciente no siempre controlable por el lado racional y el sujeto termina por expresar situaciones de psicosis. Así, un médico bien informado "no" se cura, porque es "escéptico" a los tratamientos recomendados por colegas y puede llegar a la cronicidad de su patología. Sin embargo, si consulta un "chamán", cuyo arte de curar ignora y/o no puede explicar racionalmente, se vuelve muy "receptivo" y puede curarse con la ilusión de un simple placebo. Me resulta irónico que Aristóteles en su "ética a Nicómaco" haya sido el precursor de los manuales de autoayuda. Saludos.

  • mariatere

17.06.0913:38

 

  • Me encanto la nota, es real, un hijo, un nieto, un alguien cercano te mete en el miedo que tan bien describe el post del sr. Horacio, felicitaciones para el. bien Sra. Bar, siempre la leo gracias.tratar todo con calma es lo ideal, pero a veces uno se le escapa a tener paciencia o ponerse relajado en situaciones dificiles, bueno tratare. gracias.

 




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