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Orlando J. Ferreres | Ver perfil

Opinión

La muerte de las empresas

Por Orlando Ferreres
Especial para lanacion.com

La expectativa de vida de una empresa, sea chica, mediana o grande, es de 12,5 años, según un estudio de Ellen de Rooij (Amsterdam, 1996), realizado entre un gran número de países. Las grandes sólo duran la mitad de lo que vive una persona. En efecto, las que figuran en la lista de Fortune 500 o equivalentes, duran -en promedio- alrededor de 40 años. La mayoría de las empresas no pasa de los 10 años, de acuerdo al libro de Arie de Geus The Living Company. En países como la Argentina, cerca del 20 % de las empresas que se crean no llegan al primer año de vida.

Los políticos que, en general, no están muy preparados en microeconomía, creen que pueden toquetear para cualquier lado las variables clave que influyen en las empresas según sus deseos o inclinaciones, imponiéndoles por ejemplo a algunas de ellas cargas de hasta el 35 % (derechos de exportación de 35%) y a otras dándoles ventajas de incluso el 35% (derechos de importación o protección del 35%), lo cual significa un arco de intromisión en la realidad del 70%, frente al tamaño del cual no sólo no retroceden, sino incluso que quieren ir mas allá. En países desarrollados la protección industrial está en alrededor del 3%, como ocurre aquí entre el aceite y la semilla de soja (3 % más de derecho de exportación para esta ultima). Ellos, los políticos, creen que las empresas son eternas y que van a sobrevivir al toqueteo permanente y debilitante, que se van a adaptar a los deseos de los políticos, por mas distorsivos que sean. Baten el parche de la pyme, pero luego las condiciones impositivas, laborales o financieras son tales (en la realidad), que no sobreviven o se ven obligadas a pasar a la clandestinidad fiscal para no cerrar.

Efectos de la interferencia estatal en las empresas

¿Qué efecto producen intromisiones como las señaladas? Se crean menos empresas o mueren muchas en el intento. La muerte prematura de las empresas es la contrapartida de un desempleo creciente y de una pobreza que va aumentando desde alrededor de 5 % en la época de Alfonsín hasta el 34% actual. Al no crearse un número suficiente de empresas o porque acaso mueren prematuramente, la gente no consigue trabajo y es "excluida" por los políticos de los beneficios del crecimiento, aunque le echan la culpa "al sistema". La experiencia de eliminar todas las empresas (URSS) no funcionó. En nuestro país, también se suelen crear trabajos fuera de la economía formal, especialmente de compañías de menos de cinco empleados, comúnmente para sobrevivir frente a la necesidad de superar de alguna forma a la voracidad estatal exagerada.

No tenemos muchos estudios sobre el tema de la esperanza de vida de una empresa en la Argentina, pero el hecho de que se registra una gran salida de capitales, es un indicador de que la mortalidad o corta vida de las empresas argentinas es un hecho o aún peor, muchas nunca nacen. En efecto, la salida de capitales se calcula oficialmente en unos 165.000 millones de dólares y si ponderamos la sub o sobre facturación que sabemos ocurre, estaríamos alrededor de 262.000 millones de dólares, lo que representa el 73 % del capital reproductivo en operaciones del país. Esto significa que podríamos haber creado un 73 % más de empresas, y tener un desempleo muy bajo y prácticamente nada de pobreza si los dirigentes del país crearan aquí las condiciones promedio que rigen en otros países hacia los que van nuestros ahorros. Y no hay que ir muy lejos para encontrar esos países, pues una buena parte va a Uruguay.

No es de ahora esta política con interferencias como: prohibiciones para importar o exportar tal producto- salvo que haya una reserva confirmada de éste del 80%-, obligaciones para desafiliarse de tal entidad sino sufrirán una represalia indeterminada que puede ser el fin de la empresa; dichos de que no hay ajuste por inflación para el pago de impuesto a las ganancias de las empresas, aunque sí para el mínimo imponible de los sueldos altos y que los precios no pueden pasar de tanto. Recordemos por ejemplo, que en 1991 el IVA pasó de 13,6 % a 16%, a 18% y en 1995, por la crisis mexicana a 21%, pero sólo por un año, aunque no bajó más. El impuesto a las ganancias de las empresas pasó de 25% a 30%, a 33% y a 35% y tampoco bajó. Es más, aumentó; se puede estimar en alrededor de 45%, pues no hay corrección de balances por inflación, lo que incrementa la alícuota efectiva del impuesto a las empresas.

Si sos joven y no sabés qué pasa, y no podés entender por qué te cuesta tanto conseguir un buen trabajo estable en tu país, y que te ofrecen uno mejor pero en otro país, no te dejés engañar. Hay mucha interferencia estatal aquí en las empresas, que se mueren antes de tiempo o nunca nacen, o nacen en otro país con el capital de acá, pues aquí no encuentran las condiciones para operar como en los lugares hacia donde va nuestro ahorro. Aquí, el empresario que llega a ganar dinero es un villano, está mal visto; en esos otros países es un héroe al que hay que premiar y agradecer. Esto es lo que hay que cambiar. Pero si tenemos un diagnóstico opuesto a éste, si creemos que las empresas son un mal necesario, que hay que "apretarlas", que sólo ganan dinero para llevárselo a otros países, y no queremos ver la realidad tal como es, es decir, cómo crecen y ocupan gente en forma permanente las empresas en esas otras naciones (¡incluso con nuestro dinero!), seguiremos en la misma senda que llevamos desde hace 80 años, que ya sabés cuál es y adónde nos está llevando. En un ambiente así, sólo avanzan las empresas prebendistas, que viven de nosotros, que no son las que necesita el país. ¡Es hora de cambiar! ¡Si quieren a la Argentina, por favor, no interfieran de esta manera!

 

Comentario de Horacio Krell

Los hombres pasan las instituciones quedan. Pero si las instituciones no funcionan los hombres no crean empresas.

Un país que no incentiva a emprender y consagra el capitalismo de amigos, lleva al sálvese quien pueda. Para mejorar hay que compararse con  países que funcionan, aplicar la destrucción creativa y realizar los cambios.

Finlandia se convirtió en país inteligente haciendo de la educación su política de estado. Ahora está 1ra en los exámenes internacionales que miden el rendimiento de los estudiantes de 15 años en ciencia, matemática y lectura.

Argentina está entre los peores. Un país sin recursos naturales pudo, Argentina -potencia a comienzos del siglo XX- hoy es una fábrica de pobres. Finlandia cambió su destino. Para ser maestro se necesita título universitario, para estudiar no hay que ser rico, rige la igualdad de oportunidades, no hay corrupción ni pobreza. Así desarrollan los cerebros emprendedores, en los países populistas los cerebros corren la carrera de las ratas. 




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