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LA HISTORIA DE LOS OCÉANOS AZULES
Por Horacio Krell*

En el sangriento "océano rojo" que son los disputados mercados de hoy, las empresas dan una dura batalla para diferenciarse y lograr ventajas sólo para encontrarse con un cada vez más escaso margen de rentabilidad. Las redes sociales y sus espacios web permiten crear nuevos "océanos azules” de oportunidades para el crecimiento y no sólo para empresas sino también para las instituciones e individuos que se decidan a aprovecharlas.
Los tiempos de la historia vuelan y aquí estoy yo de regreso de Panamá. Todo viaje es una oportunidad de generar ideas y contactos. Combinándolos armónicamente se crea el Océano azul de las Fábricas de ideas y de Relaciones productivas.
Antes del viaje tenía preparada mi charla en el Congreso y Exposición XCL@B Panamá 2010 sobre soluciones tecnológicas avanzadas para el sector financiero Latinoamericano, la que expuse en el Sheraton Panamá Hotel and Convention Center. Estaba lista, pero al visitar el Canal de Panamá, fue tan grande el impacto emocional del encuentro con esta joya de la historia que me permití innovar en la apertura y en el cierre de la conferencia.
El comienzo. Un señor que caminaba por la calle en el siglo XVII recibió en su cabeza el impacto de una manzana que cayó desde un árbol. En lugar de maldecir, como hubiese hecho cualquier otro, este señor aprovechó la situación para descubrir una de las leyes fundamentales de la naturaleza y al hacerlo promovió el desarrollo de la ciencia.
La teoría de la gravedad construyó un Océano azul para la humanidad de igual modo que, en el curso de la historia, muchos “prohombres” crearon los productos, servicios, mecanismos y procesos que ayudaron a mejorar la calidad de nuestras vidas. El mismo Newton lo explicó así: “No soy un genio, estoy parado sobre la espaldas de gigantes”. 
La banca del futuro. Einstein creía que el futuro estaba predeterminado y lo reflejó en su frase : “ Dios no juega a los dados”. Prigogine, en cambio, propuso un universo creador. En este contexto sobresale la frase de Handy : “ el futuro no existe debemos inventarlo”. Para que no se imponga la ley de Murphy y que todo salga mal hay aprender a planear ya que al fallar al planear se planea fracasar. Consideremos algunas variables:
ì Algunas barreras cayeron con la desregulación, la competencia y la tecnología.
ì El cliente será el rey pero habrá que invertir en recursos humanos y en tecnología.
ì La clave de la relación banco - cliente será la calidad del servicio.
ì Entonces crecerá la competencia tipo Océano rojo en la industria del dinero.
ì Pero el Océano Azul evitaría la lucha despiadada que provoca la alta competencia.
Einstein profesaba su fe determinista pero en su actividad científica aplicaba una lógica distinta. Valoraba tanto el hard power de la ciencia como el soft power de la imaginación. Sus ideas se aplican hoy como smart power -poder inteligente- en el uso de la tecnología: “La imaginación importa más que el conocimiento. Es una locura querer mejorar y hacer más de lo mismo. No se resuelven problemas con el mismo pensamiento que los creó”.
Einstein donó su cerebro a la humanidad. La sorpresa fue que era similar a los demás. El cerebro de Einstein no valía por su hardware sino por el software que lo hacía funcionar. Neuroplasticidad es la capacidad humana y empresaria que hace camino al andar. A nivel social los océanos azules crean realidades distintas al influjo de la creatividad. Y tal como afirmó Sigmund Freud “la herejía de una época es la ortodoxia de la otra”. 
Las barreras a la creatividad. Después de un largo camino el hombre ha mostrado que es capaz de construir tanto océanos azules como rojos. Estos son los puntos oscuros:
ì Nosotros creamos a los hábitos, luego los hábitos nos crean.
ì El individualismo produjo ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.
ì La destrucción creativa de Shumpeter produce hoy más destrucción que creación.
ì El interés compuesto no coincide con el ciclo humano de crecimiento y declinación.
El inventor del ajedrez pidió al rey como premio un grano de trigo por la 1ª casilla y el doble por cada una de las restantes. El rey aceptó pero no pudo pagar. Eran 18 446 744 073 709 551 615 granos. 
CRISIS O CRI$I$. Escribiendo la palabra con $ se resalta el ambiguo mensaje de amenaza y de oportunidad que entrañan las crisis:
ì El capitalismo enfrenta problemas estructurales:
ì Desempleo, longevidad, inestabilidad monetaria, pobreza y cambio climático. 
ì ¿Se podrá crear abundancia sustentable aplicando la inteligencia?
ì El sistema financiero no sabe cómo enfrentar el drama de la exclusión social.
La abundancia sustentable demanda reforzar al sistema monetario con monedas complementarias. Para lograrlo deberemos comenzar siendo pioneros, el peligro es que a los pioneros se los reconoce porque son los que llevan las flechas en la espalda. 
Para convertir este mundo en un mundo para todos la educación debería promover el talento con mecanismos de redistribución e igualdad de oportunidades. El dinero social complementa la moneda legal donde ésta se muestra ineficaz. Usando redes cooperativas desafía al principio de escasez -funcional al lucro y a la concentración de la riqueza. Así los Bancos de tiempo generan comunidades solidarias que funcionan sin dinero. 
Según Doomsday Clock, El Reloj del Juicio Final, a la humanidad le quedan 5 minutos. El reloj de la muerte sólo retrocederá con acciones inmediatas. Agua, oxígeno, petróleo y solidaridad desaparecerán con el calentamiento global y las políticas ciegas. 
Se necesita un orden que evite la destrucción de los ecosistemas y los recursos. Para que la palabra futuro tenga sentido hay que entender que la sociedad de consumo nos lleva al suicidio colectivo. En vez de cortar árboles plantemos semillas. En el siglo xii las catedrales cumplían la función económica de atraer peregrinos. Hechas para durar crearon recursos a largo plazo: Chartres vive del turismo desde hace 800 años.
El fin de la charla. Comencé mi conferencia citando a Newton, luego recorrí la historia de encuentros felices como la creación del Canal de Panamá y desencuentros terribles que terminaron en el holocausto y en la bomba atómica. 
Hace casi 100 años el vapor Ancón inauguró el canal de Panamá, que más que un canal fue un Océano azul para el pueblo panameño, antes se hacían obras pensado en las futuras generaciones. Así en el pasado, la oxidación –un impuesto al dinero - promovió la inversión. Hoy los cruentos derrames petroleros tienen un tufillo a tsunami financiero.
El canal de Panamá, en cambio, es una de las maravillas del mundo que logró comunicar a los océanos Atlántico y Pacífico generando recursos económicos para Panamá, abaratando los costos de los habitantes del planeta para abastecerse de los productos que necesitan.
Lo anecdótico es que para construirlo se usaron las ideas de los “Prohombres”. La ley de gravedad fue necesaria para construir el “gigantesco ascensor de aguas”, que permite que los barcos suban más de 20 metros para alcanzar la altura del lago Gatún ubicado en las montañas. Fue Disney quien sentenció que “si lo puedes soñar lo puedes hacer”. 
Hoy contamos con la tecnología que permite convertir los sueños en realidades pero hay que educar cerebros que inventen las grandes ideas y equipos que las concreten. Hasta el avión moderno voló primero dentro de la cabeza del hombre. El poder inteligente se nutre del poder duro de la ciencia y las finanzas y del poder blando de la imaginación y de la inteligencia emocional. El poder inteligente es querer con eficacia.
Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma sube a la montaña. El pensamiento lateral resolvió el acertijo del canal de Panamá pero la epopeya del pueblo panameño señala el gran poder de los sueños sobre el capital social de la gente inspirada por un proyecto. 
Cada hombre le da su sentido a su existencia. Uno puede decir que apila ladrillos, otro que está haciendo una pared, pero el que tiene más poder es el que cree que está participando de la construcción de una catedral o de un canal para la humanidad.
Ha llegado el momento de que comprendamos que debemos dejar de lado la lucha individual para pensar en el bienestar colectivo. Para lograrlo debemos convertir a nuestro mundo en un inmenso Océano azul. Tal como está escrito en un cartel ubicado en el museo de ciencias naturales de la ciudad de New York “el mundo no es un regalo que nos hicieron nuestros padres, es un préstamo que todos los días nos hacen nuestros hijos”. Aprovechemos nuestro presente para construir océanos azules orientados a un futuro que incluya a todos los que habitamos el planeta. Tal como pensó Séneca: “no hay vientos favorables para los pueblos que no saben a qué puerto quieren llegar”.
*Ceo de Ilvem, contacto horaciokrell@ilvem.com

 




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