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Las neurociencias detectaron cómo y cuando se forman los hábitos y la neuroeducación cómo se cambian, se adquieren o suprimen. Al querer controlarlos, como cuando nos dicen  “no pienses en un elefante”, se produce el efecto contrario al deseado, lo primero que hacemos es pensar en él.

Noviembre 2011  | Publicado en la

 

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CÓMO CAMBIAR UN HÁBITO EN 21 DÍAS

Por Horacio Krell *

 

Las neurociencias detectaron cómo y cuando se forman los hábitos y la neuroeducación cómo se cambian, se adquieren o suprimen. Al querer controlarlos, como cuando nos dicen  “no pienses en un elefante”, se produce el efecto contrario al deseado, lo primero que hacemos es pensar en él. El cerebro se modifica constantemente, la plasticidad neuronal es la capacidad que posee de reformatearse a través de la experiencia y del conocimiento.

 

Una memoria implícita. Con la memoria aprendemos y al aprender la modificamos. Memoria y aprendizaje son aliados estratégicos. La memoria implícita actúa a nivel inconsciente. Un ejemplo es el hábito que exige poco esfuerzo porque se repite en piloto automático y sin exigir a la voluntad. Sin el hábito habría que pensar hasta para respirar. El hábito se perfecciona con la repetición, la motivación y entrenamiento ayudan a consolidarlo.

En un reflejo condicionado la clave es la presión externa, en el condicionamiento a voluntad importa la motivación. Un  programa se modifica cuando el cambio se automatiza y se hace implícito. La actividad de los ganglios basales aumenta y la prefrontal disminuye.

El área prefrontal del cerebro es la que participa en los cambios, cuando el cambio se automatiza,  los ganglios basales controlan la ejecución, sin requerir un control explícito y consciente.

El hábito crea conexiones fijas del tipo estímulo-respuesta. Como en el reflejo condicionado de Pavlov, provoca respuestas no orientadas a la meta,  no necesita la retroalimentación que guía al aprendizaje instrumental y es resistente a su rápida devaluación o extinción,

Un cambio importante implica esfuerzo y por ende resistencias. El futuro puede ayudar con la visión magnética del objetivo.  La mente como el campo, producen lo que se siembra.

Era el mejor jugador de tenis del club. Sus padres contrataron un profesor quien detectó que el joven empuñaba mal la raqueta. Al principio su nivel de juego decayó, le costaba pegarle a la pelota y concentrarse. Cuando creó el hábito su nivel superó con creces al anterior.

 

Concentrar la energía. Cotejar lo nuevo con  lo viejo activa la zona prefrontal conectada al circuito del temor y consume mucha energía.  Para evitar que triunfe la rutina las propuestas deben ser sugestivas, para que el cerebro invente las soluciones.

No existe segunda oportunidad para la primera impresión. El momento crucial para entender el beneficio del cambio es interno y debe presentarse en un formato original y frecuente, que refuerce la concentración y rompa con el más de lo mismo.

La mayoría de los cambios se hacen con gente, esto demanda relaciones satisfactorias y equitativas. La cooperación prioriza los beneficios globales a los personales. La motivación intrínseca es tan importante como la recompensa económica. Ambas activan áreas del bienestar ligadas a la justicia social.  La falta de respeto o exclusión producen dolor y liberan cortisol, una sustancia que despierta neurocircuitos de aversión, temor y rechazo.

 

 ¿Cómo actúan los fármacos? Un valioso recurso es enfocar la atención en la respiración abdominal, que produce neurotransmisores que mejoran la sintonía cerebral y la serenidad.

La palabra es otra forma de energía. Los que se hablan a sí mismos con entusiasmo consiguen remodelar positivamente su estructura cerebral.

Las neuronas se comunican liberando neurotransmisores. Las personas con ADHD los emiten, pero son prontamente removidos y su efecto dura poco. El fármaco logra que  persista por más tiempo. Son como los anteojos que ayudan mientras se tienen puestos. Sirven para concentrarse, regular la impulsividad pero no cambian la personalidad.

Se puede hacer mucho desde lo educativo aprendiendo a administrar el tiempo y métodos de estudio. Si alguien es desordenado, la medicación no ordenará sus papeles.

 

Principios del cambio. Sólo se cambia fácilmente lo que es sencillo. Para cambiar una conducta hay que alterar el patrón mental que la genera. Al principio uno puede dejar un hábito pero lo extraña y vuelve a él. Para pensar y vivir mejor es necesario armonizan el sistema emocional. La neuroplasticidad es el recurso físico. El cerebro hace que el resto funcione. La mente es su parte invisible, nos brinda pensamientos, ideas y conciencia.

Un curso de lectura veloz precisa 21 días para generar el cambio. Si el estudiante debe rendir exámenes el viejo hábito de lectura prevalece y le impide cambiar el hábito.

Hay un shopping mental donde comprar, estrenar y disfrutar gratuita y divertidamente.

La cuestión es reconocer lo que está mal. Un mal hábito, pese a que perjudica, se repite. Es necesario explicitar el cambio y trazar una ruta para que el reloj biológico se acostumbre.

El cambio acelerado en 21 días reprograma la forma de hacer algo para tornarlo natural como si siempre se hubiera hecho así. La decisión de mejorar la calidad de  vida es el motor de los cambios. La felicidad es una decisión de convertir los deseos en hábitos.

 

Cuidar los pensamientos: La mente es un intérprete fiel de lo que percibe, lo traduce en impulsos eléctricos y crea respuestas. Hay quiénes ven  los problemas como caos, otros como algo complicado y algunos como oportunidad.  

El cuerpo muchas veces nos pide que no retrasemos el cambio, pensar a corto plazo es más motivador que pensar en un futuro incierto. El cerebro crea nuevos caminos si se lo bombardea con acciones nuevas para que las convierta en actos subconscientes.

Ante un fracaso, hay que encontrar cinco razones por las cuales dar gracias, aceptar que vivimos en u tiempo presente que debemos disfrutar, ya que por algo se lo llama regalo. Hay que hacer lo que contribuye al futuro  sin descuidar el presente. La felicidad no es sólo la estación a la que se arriba sino la forma de viajar

Hay meditaciones sobre el futuro, sobre darle valor a vivir el hoy y a nutrir las relaciones. Al cambiar los hábitos uno se convierte en otro. Elige algo concreto. Hazlo tres veces durante 21 días sin preocuparte y el cerebro creará el surco neurológico del nuevo hábito.

Un pensamiento repetido genera una acción exitosa. Una acción exitosa repetida genera un hábito de éxito. Un hábito de éxito repetido genera un carácter exitoso.

 En el día 22  la acción se hace hábito o el hábito negativo desaparece.

 

Neuroprogramación: Un cambio exige darle prioridad, planearlo, ejecutarlo y controlarlo. La actitud vale tanto como la aptitud. El hábito de la habilidad enseña a hacer, el de la actitud las ganas de hacer, La clave es la proactividad, creer que uno puede cambiar.

Se precisa conocer la razón de ser, la misión personal. El reactivo reacciona, el proactivo elige primero lo primero, lo importante antes que lo urgente. Según Pareto el 20% de los factores producen el 80% de los resultados. Hay que detectarlos, saber por qué se quiere el hábito y darse 21 días para lograrlo y aceptarlo. Es un ganar-ganar donde  nunca se pierde.

 

Darle lugar en la agenda: Si llueve o se durmió, reprogramar la práctica para la noche.

 

Identificar los refuerzos: Los hábitos se conectan. Despertar y acostarse temprano se relacionan, igual que el ejercicio y la alimentación sana.

 

La ley de Murphy:  Todo puede salir mal. Hay que anticiparse, ser previsor en los detalles.

 

Hacer el seguimiento. Es una forma de rendirse cuentas a uno mismo.

Autoconfianza, entusiasmo e ilusión son activos emocionales que movilizan el pensamiento avanzado. Allí se inventan el futuro y las estrategias. Hay que formar los hábitos en la infancia, el niño es el padre del hombre. Cada uno crea los hábitos que luego lo forman.

Cuando el corazón quiere, la mente le muestra el camino. Hay que entrenar la integridad honrando la propia palabra. Si no se hace se paga. El mayor potencial es la conciencia. Aceptando lo que somos y lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es la clave.  Creer en uno mismo es la fórmula mágica de la creación.

 

*Director de Ilvem, contacto horaciokrell@ilvem.com  




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nadia_adamo
01/12/2011 20:37:55
 
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