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La Opinión de Horacio Krell

Corazón portátil

Miércoles 7 de Diciembre de 2011 | Publicado
en la Edición impresa

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Cirugía / Para poder realizar un trasplante

Usan por primera vez con éxito un corazón artificial portátil

Por Nora Bär | LA NACION

 

Hace exactamente 104 días, Carlos Santillán burló a la rueda de la fortuna.

Después de estar internado desde el 3 de julio, al borde de la muerte por una insuficiencia cardíaca que le había provocado hipertensión pulmonar, falla renal y hepática, desnutrición y pérdida de masa muscular, esa mañana un equipo de la Fundación Favaloro le implantó un corazón artificial portátil.

"Estaba muy mal, ya no podía caminar, tenía mucha retención de líquidos y dependía de drogas que hacían latir su corazón -explica el doctor Roberto Favaloro, que lideró la intervención-. Pero además, como tenía hipertensión pulmonar, no era candidato para un trasplante, porque los corazones de donantes no están preparados para bombear sangre con presión alta."

Según el especialista, había dos alternativas: o se intentaba un trasplante cardiopulmonar en block (para el que no abundan los órganos)... o se lo mandaba a la casa con lo que se conoce como "tratamiento compasivo".

A Carlos, que actualmente tiene 32 años y dos hijos (Agustín, de 14, y Aylén, que cumple 10 el próximo sábado), la insuficiencia cardíaca le había aparecido por causa desconocida. Recolector de residuos y aficionado al boxeo, hace cuatro años empezó a notar que se cansaba más de la cuenta.

"Llegaba a casa, me iba a practicar y sentía que el cuerpo no me daba -cuenta, mientras se oye el incesante soplido rítmico del dispositivo que asiste a su corazón-. Ahí empecé a sentirme mal y me hice un chequeo general pensando que estaba anémico. Fui a varios cardiólogos hasta que llegué a una doctora de la obra social de camioneros, Cecilia Cassano, que estuvo siempre, en las buenas y en las malas. Gracias a ella estoy acá, porque hizo todo lo posible para que siguiera adelante."

"Al final, tuvo una neumonía -recuerda su mujer, Patricia-. Llegó una noche en que la doctora me miró y me dijo: «Está muy mal»."

"Era una miocardiopatía idiopática [sin causa conocida], una condición que se presenta con más frecuencia en pacientes de entre 15 y 45 años -explica Favaloro-. Y ya había informes de otros centros de que al descomprimir el ventrículo izquierdo con el tiempo baja la presión pulmonar."

El dispositivo mecánico, de origen alemán, opera como una bomba que impulsa la sangre del ventrículo izquierdo a la aorta. Al caer la presión "de llenado" del corazón, baja también la presión en el circuito pulmonar.

"Es lo que ocurrió en este caso -dice el doctor Alejandro Bertolotti-: ya está prácticamente en valores normales. Así, abrimos la posibilidad de que sea candidato para un trasplante. Ahora sí podemos ofrecerle un tratamiento definitivo."

En plena rehabilitación y alojado junto con su familia en un departamento que le proveyó la obra social, a menos de dos cuadras de la Fundación, Carlos puede deambular por el barrio, hacer las compras, e incluso trasladarse a visitar a familiares o amigos, gracias a que el dispositivo tiene una autonomía de seis horas.

"Estaba muy desnutrido, había perdido mucha masa muscular, pero ahora la está recuperando", dice Bertolotti.

Y subraya la doctora Margarita Peradejordi: "Se entrena en la cinta mejor que nosotros".

Pero si esta tecnología desconcierta, pronto, anticipan los especialistas, llegarán dispositivos totalmente implantables. "Esto es el futuro -afirma Favaloro-. Porque nos da la ventaja de que podemos esperar. Y en lugar de trasplantar un corazón «limítrofe», nos da tiempo para aguardar el mejor órgano."

Carlos sonríe. Ahora tiene un futuro y no quiere olvidarse de agradecer. "Ahora me siento bien -dice-. En todo sentido. Gracias a ellos, a los cirujanos, a los kinesiólogos Zoraya Kerbage y Daniel Flores, a mi cardióloga del hospital Rivadavia, Cecilia Cassano, al personal de limpieza, a las enfermeras, a la obra social... Fue todo espectacular."

 

Comentario de Horacio Krell

Corazón portátil. El corazón portátil crea presente, al que por algo le decimos regalo. El  pasado aporta la experiencia, el futuro el deseo de algo a construir que en el mientras tanto procesa novedades con un mapa de gestión.. Ocuparse sólo de los hechos genera la necesidad reactiva de hacer algo. Decir: y siempre lo hicimos así, lleva a repetir el pasado. El futuro se inventa en el presente, es el punto de llegada, la información es el punto de partida. El feedback con la realidad evita que el error se convierta en hábito. Quedarse en el pasado es erróneo porque todo cambia. El futuro explora alternativas a la luz del propósito. Si los resultados no se dan hay que replantear. Para crear el futuro el hombre deberá hacer algo distinto, cultivar su esencia, su capacidad  de comprender, crear y transformar. No podrá decidir la dirección del viento pero puede preparar las velas. Un proyecto se nutre del futuro y del pasado. Es el modo que tienen los tiempos de la historia para intervenir en el presente.

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