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CÓMO APRENDER DE LAS  CATÁSTROFES

Por Horacio Krell*

 

Cuando una catástrofe ocurrió ya no es posible cambiar lo que pasó. Hay que concentrarse en evitar que suceda  nuevamente o que no se cometan los mismos errores. Es imposible lograr una vacuna contra las equivocaciones. La duda desaparecerá recién cuando ocurra la siguiente. Hoy que, una devastadora crisis asola Europa, lo peor que puede suceder es no haber aprendido las lecciones que jamás se deben olvidar.

Catástrofes financieras. El interés en los créditos es una espada de Damocles sobre la economía. Mientras que la tasa es fija nadie tiene sus ingresos asegurados. En el pasado,  la oxidación -impuesto al dinero que se posee- promovió la inversión. Las catedrales del siglo XII, se hicieron para durar generando ganancias a largo plazo: Chartres vive del turismo desde hace 800 años.  Las monedas fuertes se devaluaron en 30 años un 58 %. Invertir en inmuebles o acciones fue un paliativo, pero los tsunamis financieros se llevan todo. Desde 1971, Nixon desvinculó el dólar del oro e incentivó la especulación en divisas.

Catástrofes naturales. Hace 800 años un emperador chino previendo los desastres, sin poder identificarlos puntualmente, creó una reserva para afrontar calamidades. El huracán Katrina en EEUU produjo 10.000 muertos por imprevisión y el huracán Denis no generó víctimas en Cuba porque había un plan de emergencias. El ambiente sano es un derecho humano. Un sistema sustentable  requiere mentes pensantes con mentalidad ecológica.

Según Darwin, los árboles grandes son los más aptos para sobrevivir por sus raíces extendidas, pero al roble lo vence la  tormenta. El junco cede, la tormenta  no puede dañarlo. La hierba no tiene raíces, hasta un niño puede arrancarla. Ella se adapta, el árbol resiste. En la catástrofe algunos se salvan por su flexibilidad, otros prefieren  morir de pie.

Tu nunca aprendes. Frase que se repite siempre para criticar al que repite su falta.  El hombre es el único animal capaz de chocar dos veces con la misma piedra. No crecemos como la lechuga. Desarrollo no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que te pasa.  La catástrofe puede surgir de un accidente, una falla de cálculo, un descuido o ignorancia. Pero repetir el error es no haber aprendido del primero. Una  lección es aprendida cuando el  conocimiento que se obtiene en la experiencia prepara, mejora y previene el desempeño futuro.  Para sacar provecho hay que estar atento a los resultados que difieren de lo esperado. Sean  mejores o peores se necesitará reflexionar para aprovechar la lección en el futuro, para evitar los que producen resultados indeseables y repetir los que fueron exitosos.

Un águila enseña a volar a su pichón. Un día el cielo se cubre de nubes negras. Se desata una terrible tormenta de viento y agua. El pichón se angustia. El águila le pide que la acompañe. Juntas vuelan atravesando la tormenta. Luego de la travesía, ambas están por encima de las nubes. El pichón está loco de alegría. Hay que aprender de las tormentas. Cuando pasan limpian las tierras, terminan con las plagas y muestran los errores. Hay que perder el miedo al miedo. Cuanto más atemoriza el fracaso, más cerca se encuentra. Se cree que el problema está afuera, pero uno mismo es el problema por sus actitudes y creencias.  

El que no hace no se equivoca.  El feedback con la realidad evita que un error se convierta en hábito.  El que no hace no se equivoca pero tampoco aprende. Es duro aprender de primera mano y a los golpes, a través de la acción. Al respecto Newton dijo: No soy un genio, estoy parado sobre las espaldas de gigantes. Pero el enciclopedismo, adquirir el saber de segunda mano, a través de la experiencia de terceros, no sirve sola. La tecnología provee información pero no transmite el conocimiento. Solo podemos hablar de aprendizaje cuando se produce un cambio de comportamiento observable, se actúa de forma diferente y  se logra un resultado distinto, que ya no es una sorpresa. Einstein definió la locura cómo querer progresar pero seguir haciendo lo mismo.

La resiliencia es la capacidad aprender en la adversidad cómo salir de ella. El principio clave es que lo que no te mata fortalece. En 10 años Finlandia revirtió su situación de pobreza, hizo de la educación su política de estado y sus ciudadanos crearon capital intelectual. Lo que tenemos entre las dos orejas ninguna catástrofe nos lo podrá quitar.

Aprender es cambiar la memoria.  Aprendemos acumulando lecciones que reutilizamos en el futuro, así, ante una vieja piedra, recordaremos cómo sortearla. Por eso el sistema educativo debe brindar una metodología para que la memoria acumule experiencias y lecciones y no solamente conceptos, datos, fórmulas y teorías alejadas de la práctica. Una lección aprendida, al contrario de lo que se enseña en la escuela, es hacer algo distinto. El trabajo duro acaba teniendo su premio. Si quieres ser bueno, practica, practica y practica. Bill Gates tuvo a su favor el número mágico para volverse muy bueno: 10 mil horas de práctica. Bill fue a una escuela con Internet cuando pocas lo tenían. Su casa estaba cerca de la Universidad y tuvo acceso a una más compleja. Cuando Harvard lo aburrió decidió retirarse sin obtener su título de ingeniero. Gates es brillante, pero los golpes de suerte lo ayudaron. Había otros chicos tan brillantes como él. Es el deber del Estado nivelarlos.

Los chicos asiáticos estudian más horas, condición básica para rendir en matemáticas. Su herencia cultural de trabajo duro deriva del cultivo de arroz. Según un proverbio: Nadie que se levanta antes del amanecer 360 días al año deja de hacer a su familia rica.

En Occidente, las vacaciones son parte de la cultura. Los niños pobres aprenden como los ricos, pero sin ir a clase, decaen por falta de estímulos. Una escuela marginal del Bronx aumentó el 60% las horas de clase y mejoró tanto el rendimiento que el 80% ingresó a la universidad. El programa se extiende ahora a todo EE.UU.

Si algo desespera a quienes dirigen  son los errores repetidos, ya conocidos y que a menudo causan importantes daños. Las organizaciones no aprenden a aprender cuando no son diseñadas para hacerlo. Tienen conocimientos que desaprovechan porque no saben usarlos.
Sistema de lecciones aprendidas. La gestión del conocimiento ayuda a identificar el conocimiento nuevo e incorporarlo a las prácticas de trabajo, para capitalizar los éxitos y evitar los errores pasados y construir así un futuro de éxitos y no de catástrofes.

Las empresas que no construyen su memoria institucional, caen en las mismas trampas.

Tienen  bases de datos sin  lecciones, llenan el sistema con basura, la documentan,  la almacenan sin que nada cambie, siguen tropezando en las mismas piedras. Para que el sistema de lecciones aprendidas no sea un cementerio de documentos, debemos reflexionar sobre qué y por qué ocurrió lo que ocurrió, qué haríamos distinto la próxima vez y cómo compartirlo para que todos lo sepan.  Es condición necesaria pero no suficiente.

El pensamiento estratégico creativo responde estas preguntas: ¿dónde estaba ayer? ¿dónde estoy  hoy? ¿dónde quiero estar mañana?  ¿cómo haré para conseguirlo? Es más sencillo elaborar  un plan que ejecutarlo. Lo difícil es visualizar el futuro deseado  y  desde  ahí construir  el presente necesario para lograrlo. El pensamiento tradicional opera hacia delante, se basa en el cálculo, la lógica y la experiencia. Si ocurre tal cosa ocurrirá tal otra. El pensamiento reformulado parte del futuro  y retrocede hasta lo que hay que hacer para que se produzca. Cuando la  guía es el pasado, nos condiciona y nos hace conservadores. Para saber que ocurrirá en el futuro la mejor fórmula es inventarlo.

El aprendizaje no es automático. Un sistema de alertas debe señalar qué lección es útil. El circuito del sistema de lecciones aprendidas funciona así: Ejecutar. Cotejar el resultado con el objetivo y el plan. Recordar que el que falla al planear planea fracasar ¿Cuál fue la causa? ¿Qué se debe registrar y hacer la próxima vez? Implementar y aplicara las mejores prácticas, lo que lleva de nuevo a la ejecución, en un círculo virtuoso. Así es como la base de datos de lecciones aprendidas se vacía siempre inyectándose sobre las actividades.
Durante el proyecto, se aprendieron a hacer cosas nuevas,  hacer mejor las conocidas, y si el proyecto fue una catástrofe, se aprendió lo que no debe hacerse. Eso tiene mucho valor. Todo aprendizaje conduce a realizar cambios en la memoria institucional, o  no hubo aprendizaje. No basta con identificar lecciones sin asociarlas con las acciones que deben ejecutarse. Nada se aprende si no se incorpora en las futuras prácticas de trabajo Cada lección en particular debe conectarse a la cadena de valor, la importancia que  tendrá para futuros proyectos. Es frecuente identificar lecciones que tienen poca aplicabilidad, errores costosos infrecuentes pero con alto impacto, lecciones valiosas aplicables y de alto valor, problemas frecuentes que  sirven para evitar errores frecuentes.

Alguien debe decidir cuándo una lección merece ser tenida en cuenta. Quién será el responsable de capturarla e ingresarla al sistema. Cuánto tiempo deberá permanecer en el sistema y quien decidirá cuando dejó de estar actualizada

Séneca dijo que errar es humano. Si no se dedica tiempo a reflexionar sobre la acción y  que se puede aprender de los actos,  uno mismo se condena a un círculo vicioso.

Durante la acción, y no antes, es cuando se puede afirmar que se aprendió a superar una catástrofe. La incertidumbre obliga a correr el enorme riesgo de volver a fracasar puesto que únicamente se sale de la duda la próxima vez que se enfrenta la misma situación.

Un científico puso una rana en una olla con agua fría y la puso a calentar a fuego lento. La rana se fue adaptando. El sistema inmunológico de la rana no advirtió el peligro, se durmió y finalmente murió hervida. Entonces el científico arrojó otra rana al agua hirviente. La rana se salvó saltando de inmediato. El cerebro funciona parecido, le crean el hábito  y ese hábito lo crea. Se debe encontrar la brújula que lo lleve a un círculo virtuoso. A Verdi le preguntaron sobre el secreto de su longevidad creativa y contestó: toda la vida busqué la perfección pero todavía no la pude alcanzar. Saltemos de la rutina proactivamente, con la guía del deseo que queremos realizar.

Una clave en gestión del conocimiento es reutilizar lo que se sabe, lo que vivimos, lo que ya nos pasó. La vida es una sucesión de lecciones que se guardan como historias en la base de lecciones aprendidas del cerebro y que se recuperan cada vez que se necesitan.

Dos  hacheros trabajan en un aserradero. Uno derriba 10 árboles por día, el otro 20. Tienen el mismo físico e igual hacha. El 1ro le pregunta cómo lo logra. El exitoso le pregunta qué hace al llegar a su casa. Llego destruido, como algo y me duermo ¿Vos que hacés? Afilo el hacha. El hacha que tenemos es el cerebro, detrás de la apariencia de una persona exitosa hay un cerebro bien afilado. Ortega y Gasset dijo que el hombre es él y sus circunstancias. El economista italiano Wilfred Pareto descubrió la ley 80/20. Advirtió que en cualquier problema el 20% de los factores producen el 80% de los resultados. El que los descubre logra producir más en menos tiempo. Para eso hay que aprender a observar. Newton descubrió la ley de gravedad cuando una manzana cayó sobre su cabeza

La principal catástrofe es no saber lo que uno quiere. El poder inteligente es querer con eficacia ¿Sabe usted qué lo apasiona? ¿Flota o navega hacia su objetivo? Séneca dijo que no existen vientos favorables para quien no sabe a dónde quiere llegar.

* El doctor Horacio Krell es el CEO Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre métodos para optimizar la inteligencia. Su mail de contacto es horaciokrell@ilvem.com.

 

Los espero en el próximo boletín.

 




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