LOS MECANISMOS DE DEFENSA DEL YO

Por Horacio Krell *

 

Ante el dolor existen mecanismos psicológicos que nos protegen de las amenazas externas o de los conflictos internos.  Aunque en principio son positivos, luego rebajan el autoconocimiento y traban las estrategias creativas para superarlos. La naturaleza brinda formas de proteger al organismo. Se puede interrumpir la respiración ante ciertos olores, taparse los oídos ante un ruido estridente, cerrar los ojos evitando una luz potente, proteger la psiquis frente a lo desagradable.  “Ojos que no ven corazón que no siente” pero: ¿a qué precio?

 

Negación. Es un mecanismo que niega la existencia de algo. Una madre no admite la muerte de su hijo y actúa como si estuviese vivo. Negar es también la primera reacción ante un mal diagnóstico.

Represión. Hacer inaccesibles recuerdos dolorosos no elimina la causa. El “olvido motivado” es una defensa peligrosa, lo reprimido presiona, actúa para salir a flote, genera tensión. Negación y represión dejan afuera lo que no se puede afrontar y demandan una gran cantidad de energía.

Regresión.  Es reproducir viejas conductas, como las infantiles en la edad adulta.  Así un adulto volvió a tartamudear cuando quebró su empresa.

Formación reactiva. Es cambiar un sentimiento  inaceptable por su opuesto, originando conductas poco efectivas. Un niño enfadado con su madre, puede demostrarle mucho cariño.

Aislamiento.  En  la concentración hay un esfuerzo para que el pensamiento no se desvíe, pero aquí se separa la emoción de un recuerdo importante al que se trata como si no lo fuera.

Anulación. Realizar un acto con el fin de anular el significado de uno anterior.

Proyección.  Atribuir a otros o al mundo  motivaciones que no se reconocen en uno mismo. Uno experimenta hostilidad hacia la gente, pero siente que el odio es hacia él. 

Introyección.  O identificación, es adquirir características de otro como si fueran propias. Un niño se convierte en “papá” para disminuir sus temores y le dice a su muñeco que no debe tener miedo. 

Autoagresión. Cuando la persona se elige como blanco  de su propia ira.

Desplazamiento. Cambiar el objetivo de un impulso porque el originario es amenazador. La estudiante furiosa con un profesor se descarga con su novio.

Sublimación. Convertir un impulso dañino en un comportamiento aceptable y productivo. Desviar la energía hacia sustitutos ideales para enfrentar conflictos. Una niña  experimenta celos hacia su hermano y demuestra una actitud afectiva con la que los esconde.  Una forma positiva de satisfacer esos impulsos es la elevación de la energía psíquica por sobre lo instintivo, transformándola en fuerza creadora. El Yo renuncia  a satisfacciones básicas y las compensa con las nuevas.

Racionalizar.  Encontrar una  excusa racional para asumir una realidad  inaceptable. Racionalizar le da forma discursiva a la emoción. Como distorsión cognitiva de los hechos los hace menos amenazantes, se explican con excusas, no se advierten, y se termina creyendo la mentira.

Intelectualizar. Se toma distancia de la amenaza, generando actitudes frías y analíticas. Es el hombre que se enamora y trata de entender el por qué, a través de cualidades de su amante.

La fase preparatoria. Cuando los mecanismos de defensa ya no protegen al Yo lo suficiente se produce una motivación hacia ir más allá, de comprender el beneficio de una terapia para tomar conciencia de las causas de los males. Sobrepasada la fase preparatoria, es posible entrar en la especificidad del tratamiento: el análisis de la transferencia con el analista y la regla fundamental del psicoanálisis: la asociación libre.

Los mecanismos de defensa son estrategias del Yo para interrumpir vivencias y los sentimientos asociados. A veces sirven para garantizar la supervivencia ¿Podría un niño de dos años que perdió a su madre enfrentar a sus emociones? Si ese niño no fuese capaz de interrumpir su dolor con mecanismos de defensa, probablemente entraría en una situación depresiva de alto riesgo.

La Teoría de la Gestalt brinda técnicas para promover la integración de esas zonas que no queremos ver, asociadas a emociones negativas, como ira,  frustración o envidia. En el momento crítico en el que la emoción va a aparecer usamos el mecanismo que nos desconecta del presente, nos dormimos, intelectualizamos, fantaseamos; aparece una neurosis salvadora. Debido a la automatización de los mecanismos resulta difícil abandonarlos, pese a que  nos congelen, trabando aspectos madurativos.

Yo mediador. En la dialéctica entre  Ello-Yo-Superyo, el Yo media entre las pulsiones y la censura de la manera que puede. Se vuelve inseguro, temeroso y culpable. La ansiedad llega a ser abrumadora, el Yo se defiende  bloqueando o distorsionando impulsos inaceptables, se rebaja la tensión y la ansiedad, de forma transitoria, pero también lo dejan sin salida.

El sujeto “normal”  emplea eventualmente estos mecanismos defensivos, mientras que el neurótico vive abrumado. No es esperable que  pueda vivir así toda su vida, aplastado por las exigencias. Las defensas son un remedio a corto plazo, pero son peligrosos, porque alejan de la verdad.

Un sujeto “sano”. Utiliza mecanismos de defensa positivos. Es animoso, realista, disciplinado, con buen juicio y mente abierta, libre de prejuicios, acepta su responsabilidad; es espontáneo, flexible, pospone la satisfacción de sus deseos, se acepta como es, con sus defectos y virtudes; y mira sin asustarse que  es capaz de matar al padre y acostarse con la madre, en la síntesis del Edipo en Freud.

El neurótico está lleno de miedos, por verse tan alejado de su Yo ideal,  y también por el terror que le produce saberse capaz de aberraciones. Confunde la realidad con su deseo, no puede esperar, necesita recompensa inmediata, es rígido, hostil y vengativo, en forma obsesiva vacila entre la arrogancia y el desprecio de sí mismo. Sus mecanismos no lo ayudan, todo lo contrario. Los mecanismos son  formas inconscientes  para que la frustración y el conflicto no lo anulen.
La reconversión creativa. Los mecanismos liberan del dolor y permiten vivir mejor. Son positivos si reducen el dolor sin suprimirlo, canalizan sentimientos sin bloquearlos, producen alivio duradero y se dan en situaciones  específicas. Mal empleados impiden aprender a solucionar problemas.

La reconversión creativa es movilizar la energía entre mecanismos opuestos, ya que desbloquea y aporta flexibilidad. También es conveniente aprovechar la estructura del mecanismo y rescatar sus aspectos saludables.  Al hacer conscientes los aspectos positivos de los mecanismos, se aumenta la autoestima y se asientan las bases para desprenderse de los patológicos

Los crímenes de la calle Morgue. Alan Poe creó el primer detective, fue  Auguste Dupin, que denunció los discursos institucionales vacíos que devalúan las palabras y se amparan en la negación, justificándola en su mera emisión y el enaltecimiento de lo que no tiene valor.

Dupin combate la argucia con la razón, el engaño con la evidencia. Mientras el ingenioso  avanza con promesas, fantasías y cálculos, basadas en creencias, el razonador creativo se sustenta en el análisis de los hechos para luego, con imaginación,  inventar la solución.

La emisión confusa y manipuladora suele despertar prejuicios en la escucha.

El que escucha es tan peligroso como el que habla cuando de acusar se trata. Dupin denuncia el modo que tiene el Prefecto de negar lo que es y de explicar lo que no es; es la enfermedad del poder. En “La carta robada” Poe muestra que nadie podía ver lo evidente, como en el cuento de Andersen “El rey desnudo”, donde un  niño gritó  la verdad y todos despiertan del engaño.

Manías de grandeza. La infatuación -creerse un dios y no un mortal- suele desencadenar tragedias. Esa desmesura,  alude a la diosa Hibris, y lleva al que lo padece a querer arrebatar una porción mayor de la fortuna de la que le han asignado los tejedores de cada destino. A quien estaba poseído por Hibris lo castigaban divinidades que reestablecían el equilibrio de la Justicia.

Tan conscientes eran del peligro que al entrar con su cortejo, los jefes militares -en medio de la gloria popular- solían acompañarse por un esclavo que les recordaba, su condición de mortales. Trataban así de alejarse de esa manía de la que eran víctimas figuras míticas como Edipo, Hércules, Prometeo o Sísifo. Personajes que perdieron la medida de sus destinos por creerse superiores.

Para neurólogo David Owen es el efecto tóxico del éxito político, que lleva a los que lo sufren a emprender “grandes hazañas”. El que se opone a él es enemigo y lleva al delirio de sospechar del que lo critique y de aislarse de la sociedad. En estos tiempos difíciles donde la política debe ser abordada desde la psicopatología, hay que tener en cuenta este tipo peligroso de enajenación.

Los maestros de la sospecha.  Vieron que la conciencia suele ser falsa. Marx por razones económicas, Freud por lo inconsciente y Nietzche por el resentimiento que provoca la debilidad denunciaron las ilusiones. Intuyeron que en nombre de la razón se justificó la dominación del hombre por el hombre y la supresión de los instintos en pos de la civilización. Doctrinas que determinan qué es el ser, suprimen diferencias y tildan de locos, marginales, bárbaros, salvajes, esclavos, a los que no encajan. Ya Platón propuso un discurso único  para juzgar a todos los discursos y a todas las conductas, la Filosofía fue el primer discurso de dominación.

Los maestros  buscaron desnaturalizar lo naturalizado por quienes  borran la subjetividad y expanden un discurso único, que reniega del anterior e inventan un origen a partir de la postura arbitraria de que occidente es la fuente de la sabiduría.

Los maestros sospecharon que había un inconsciente (Freud), una voluntad de poder (Nietzsche) y una clase social explotadora (Marx). En cada cerebro hay tres capas, los instintos del reptil, las emociones del mamífero y el pensamiento humano, que sólo puede armonizarlas la educación,  pero la educación falla. Si no cambiamos a tiempo el hombre seguirá siendo el lobo del hombre.

Yo creativo. Crear es la razón del ser y no surge de la nada,  es combinar observaciones, conocimientos y memorias para dar forma a las ideas. Se logra vinculando lo que está desconectado, descubrir correspondencias en el desorden. Crear es relacionar y desafiar el orden.

Requiere acumular materia prima. La materia prima esencial es la materia gris, que no crece como la lechuga sino con educación, no hay creación en el vacío.  Poincaré describía el proceso de formulación de un concepto complejo: "Las ideas se presentan desordenadamente. Parece que colisionaban hasta que algunas encajaban y conformaban una combinación estable".

En combinar lo diverso está en la base de la creación. Con bloques iguales no  construiremos algo interesante. Pero si nos equipamos con  piezas diferentes la posibilidad de crear se potenciará.

La creatividad se construye con lo recolectado en la experiencia. La originalidad es el modo de combinar esos fragmentos con habilidad para hacer surgir nuevas maneras de ver la realidad.

Esa necesidad de vincular lo diverso justifica incentivar la curiosidad innata por todo lo que nos rodea. La educación  nos ayuda a incorporar los materiales imprescindibles para la creación.

El marco interdisciplinario. Sobre sus habilidades mentales el ser humano responde desde cuatro ámbitos: psicológico, neurológico, inmunológico y endocrinológico. La medicalización y la psicologización en exceso  pueden ser más parte del problema que de la solución.

Mirando siempre al mismo lado se ve siempre lo mismo. Lo que puede aportar la integración de educación mental, es cambiar los hábitos negativos recurrentes que no se solucionan con consejos útiles por una metodología intelectual para la resolución de problemas. Ante las angustias y ansiedades que genera una sociedad estresante que no provee al mismo tiempo de los recursos psicológicos para superar sus conflictos, el que no tiene medios debe apelar a  la fuerza bruta.

La educación hace un culto de la información pero no valoriza la formación. Los hábitos mentales los creamos nosotros; pero luego ellos nos crean a nosotros. En nuestros hogares y escuelas, debería instalarse un concepto diferente sobre las habilidades mentales basado en el desarrollo del potencial: aprender a ser, aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a convivir.

Incompetencias sociales. Hay gente con competencia profesional pero con perfecta incompetencia social, son incompetentes altamente preparados. La educación no les enseñó a vivir en sociedad, no aprobaron la materia “aprender a convivir”. No saben generar lazos sociales, que son un valioso activo intangible. La imagen negativa que acumulan a lo largo del tiempo  hace que sus interlocutores ni siquiera puedan escuchar lo que les dice.

Los individuos con los cuales interactuamos y los nuevos personajes que se acercan a nuestra vida son aliados estratégicos potenciales, si logramos que las relaciones mecánicas, condicionadas por la tarea, se conviertan en redes de alto valor, generadas por la comunicación.

El amiguismo debe dejarse de lado en la alta competencia social. Hay que reunir a individuos complementarios en sus aptitudes: creativos que generen las ideas, analíticos que elijan, las mejores, ejecutivos que las lleven a la práctica y socializadores que sepan tejer los lazos internos y externos del grupo. Así podrán crear un todo social superior a la simple sumatoria de sus partes.

Como se dice en el fútbol la mejor defensa en un buen ataque. A los mecanismos defensivos del YO hay que agregarles una metodología intelectual. Como bien dijo Nietzche los métodos son la mayor riqueza del hombre. Porque el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

 

*El doctor Horacio Krell es el CEO Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre métodos para optimizar la inteligencia. Su mail de contacto es horaciokrell@ilvem.com.

  

Los  espero en el próximo boletín.

 




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