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DIBUJA TUS IDEAS

*Por Horacio Krell

 

Es posible hablar o dibujar, pero no hacer las dos cosas a la vez. Cada hemisferio cerebral emplea diferentes sistemas para procesar la información. Uno utiliza el estilo analítico y verbal, es el hemisferio izquierdo, el otro hemisferio procesa visual y globalmente.

Enseñar a dibujar es como enseñar a andar en bicicleta a tu hijo. No puedes enseñarle con instrucciones como: te subes, pedaleas y mantienes el manubrio en equilibrio. Al final le dices: Deja que yo lo haga  y mira. Para el dibujo se le pide que cambie el modo de ver y se termina con: Mira estos ejemplos y sigue practicando. Aunque todos terminan aprendiendo a andar en bicicleta, pocos aprenden a dibujar, porque nunca se les enseña a ver.

Se dice que los artistas tienen un talento misterioso e imposible de comprender. Para dibujar hay que ver como los artistas, que acceden al lado derecho del cerebro donde experimentan una consciencia alterada. Se sienten transportados, identificados con el trabajo, captan relaciones que otros no advierten, el tiempo se interrumpe, las palabras huyen, se sienten atentos, relajados, serenos y con una placentera  activación de su mente.

Ver claro es lo importante.  El dibujo permite redescubrir el mundo, es lo que hacemos cuando soñamos despiertos.  Como dijo Rodin, el dibujante es un confidente de la naturaleza. El dibujo abre la puerta a la fuerza potencial del hemisferio creativo del cerebro. El realismo permite lograr confianza en uno mismo, lo que mejora la capacidad de acceder a un modo de pensar distinto, que también resuelve otro tipo de problemas.

Escribir es una forma particular del dibujo expresivo, que comienza con la línea. Firmar en una hoja es una creación, aunque modelada  por las influencias culturales. Enseñar a ver es necesario para que cada uno pueda usar su línea para dibujar sus percepciones.

Un escritor necesita palabras, un músico notas, un dibujante percepciones visuales, y todos precisan conocer las reglas de su oficio. Pero cualquier individuo creativo intuye la posibilidad de transformar los datos que observa en una creación que los trascienda.

Animales que piensan. En el cerebro animal hay simetría. En el humano asimetría. El cerebro no parece hecho para el hombre, fue el resultado de la evolución. No es tan preciso como la mano, que sustituyó a la garra del animal. El animal nace preparado para sobrevivir el niño nace incompleto y sobrevive por el amor de sus padres. Hará de su debilidad una fortaleza y se convertirá en el arquitecto de su propio destino.

Al ponerse de pie liberó a la mano de la locomoción y a la boca de ser la proveedora del alimento. Su rostro se aplanó su rostro y el cerebro pudo crecer. La mano fue la ejecutora de las órdenes del cerebro, que se dedicó a dirigir, analizar y decidir. El ojo, al elevarse en el espacio, se convirtió su órgano intelectual. El tallado del alfabeto en el cerebro le posibilitó avanzar hacia la capacidad de abstraer, generalizar y desarrollar las facultades superiores. El cerebro conoció el concepto pero no la cosa en sí. El alejamiento de la madre tierra y vivir en  la jungla de cemento le hizo perder el contacto íntimo con la naturaleza.

Cada hemisferio controló la parte opuesta del cuerpo. En el hemisferio izquierdo se depositó la gloria de la razón naciente. Fue dominante y el derecho el subordinado, un gemelo al que se consideró discapacitado, dirigido y mantenido por el hemisferio lógico. Un grueso cable los conecta. Este cable llamado cuerpo calloso es importante por su tamaño, por el las millones de fibras nerviosas que lo componen, y por su rol de conector.

Cuando murió Einstein se investigó su cerebro. Pesaba lo mismo que cualquiera. Su cerebro  no valía por su peso sino por cómo lo hacía funcionar. Las neuronas que relacionan unas con otras -las células gliales- estaban más presentes en su cerebro. Su cuerpo calloso estaba ramificado y conectaba de diversas formas los hemisferios. Esto marca la diferencia entre el hardware, el cerebro físico y la mente que lo opera. Einstein dijo: hay una fuerza más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: es  la voluntad. El poder inteligente abreva en las dos fuentes, el hemisferio derecho, -el del artista- crea las ideas, el izquierdo, -el del científico, las organiza. El cerebro es un todo unitario y el sustrato de la mente. Cuanto mejor se relacionen cerebro-mente-cuerpo y cuando más se perfeccione su dinámica a través de la educación, más rápido evolucionará el cerebro como armonizador entre genes y memes -sus equivalentes en el plano cultural-

Cerebros divididos. En los años 50 la investigación se centró individuos incapacitadas por trastornos epilépticos o víctimas de la guerra, que afectaban  ambos hemisferios. Después que fracasaran todas las terapias, se decidió evitar la transmisión de ataques entre los dos hemisferios mediante el corte del cuerpo calloso, aislando así un hemisferio del otro.

La operación tuvo el resultado esperado: los ataques quedaron controlados y los pacientes recuperaron la salud. A pesar de lo radical de la operación,  no alteraron su aspecto, los movimientos y la coordinación. Para un observador casual, su conducta tampoco cambió. Se comprobó que las dos mitades funcionaban con independencia. A partir de ahí, se hicieron pruebas que revelaran que cada hemisferio percibía la realidad a su manera.

En un cerebro intacto la comunicación entre hemisferios reconcilia los dos tipos de percepción, manteniendo así la sensación de ser personas con una identidad única.

El sistema educativo y la ciencia en general, tienden a despreciar la forma no verbal. El resultado es que la sociedad moderna discrimina en contra del hemisferio derecho.

El lenguaje y la palabra están ligados al pensamiento razonado y con las otras funciones mentales elevadas que distinguen al hombre de las demás especies.

Un experimento fue mostrar, por un instante, dos imágenes en una pantalla, con los ojos fijos en un punto medio, para que no pudieran ver ambas imágenes. Cada hemisferio recibía una imagen diferente; el hemisferio derecho veía una cuchara, situada al lado izquierdo de la pantalla y el izquierdo la imagen de un cuchillo, a la derecha. Si se le pedía que nombrara lo que vio, el hemisferio izquierdo, verbal y articulado, hacía que el paciente respondiera «cuchillo». Si se le pedía que metiera la mano izquierda, controlada por el hemisferio derecho, y tomara el objeto que había visto en la pantalla, identificándolo al tacto entre varios objetos que no podía ver, el paciente escogía la cuchara. Si se le pedía que dijera lo que tenía en la mano, el paciente respondía «un cuchillo». El hemisferio derecho, sabía que la respuesta era errónea, pero careciendo de palabras para corregir al hemisferio izquierdo, lograba que el paciente sacudiera la cabeza. Como respuesta, el hemisferio izquierdo se preguntaba: ¿Por qué estoy sacudiendo la cabeza?

A pesar de sentirnos como un solo ser, nuestros cerebros son dobles, y cada mitad tiene su propia manera de percibir. Son dos mentes, dos conciencias, conectadas e integradas por el cable de fibras nerviosas que une ambos hemisferios. Los hemisferios pueden colaborar,  cooperar, aportando sus habilidades, y hacerse cargo de la tarea afín a su capacidad. En otras ocasiones, los hemisferios trabajan por separado; cuando una mitad entra en acción, la otra mitad se desactiva. Y puede haber conflicto, cuando uno intenta hacer lo que el otro «sabe» que hace mejor. Cada hemisferio tiene una manera de «ocultar» conocimientos al otro. El hemisferio derecho procesa la información visual del modo necesario para dibujar, el hemisferio izquierdo la percibe de forma tal que interfiere con el dibujo.

La vida social asimila esta asimetría. Al saludar, damos la mano derecha, y parece incorrecto ofrecer la izquierda. O pensamos: “lo que dice suena bien, pero algo me dice que no me fíe de él”; o: “no puedo explicarlo con palabras, pero hay algo que me disgusta”. Estas declaraciones demuestran que ambos lados del cerebro procesan la misma información de maneras distintas. Con el modo de procesar usado por el hemisferio derecho, se producen llamaradas de intuición, momentos en los que todo parece encaja sin tener que explicar las cosas en un orden lógico. Cuando esto ocurre, uno suele exclamar espontáneamente: ¡Ya lo tengo! o ¡Ah, sí, ahora lo veo claro!

 El ejemplo clásico es el «Eureka» (¡lo encontré!) de Arquímedes. Arquímedes tuvo una iluminación al despertar en la bañera, que le permitió deducir que el peso del agua desplazada puede medir el peso de un objeto sólido sumergido.

Un sueño famoso generó el“Principio de Arquímedes”: un cuerpo sumergido experimenta un empuje igual al peso del líquido que desaloja. Hierón, rey de Siracusa, entregó a un joyero oro y plata para hacer una corona. Hierón desconfió de su honradez y pidió a Arquímedes que investigara. Arquímedes no encontraba la solución, pese a su formación científica. Pero un día al sumergirse en la bañera, el agua se derramó y tuvo una asociación repentina. Se despertó sobresaltado y dedujo que ante la resistencia del agua el cuerpo parece pesar menos. Tal fue su excitación que salió desnudo al grito de ¡Eureka! ¡Lo encontré! Pesó la corona en el aire y en el agua comprobando que su densidad no era la que hubiera resultado si el joyero hubiese usado todo el oro y la plata. Así comprobó la estafa.

Este es el estilo del hemisferio derecho: intuitivo, subjetivo, conector, holístico, intemporal, que nuestra cultura ignora. El sistema educativo cultiva la parte verbal, racional y temporal del hemisferio izquierdo, dejando olvidado medio cerebro de cada estudiante. Se dirá que medio cerebro es mejor que nada, pero un cerebro entero funciona mucho mejor.

Aún hoy, los sistemas escolares  siguen estructurados al modo del hemisferio izquierdo. La enseñanza es secuencial: los estudiantes progresan ascendiendo grados  en una dirección lineal. Las principales materias son verbales y numéricas: lectura, escritura, aritmética. Se siguen horarios estrictos. Los pupitres están ordenados en filas. Se pregunta y se responde. Se entregan diplomas. Y todo el mundo tiene la sensación de que algo anda mal.

El cerebro derecho, el soñador, el artífice, el artista,  se pierde casi totalmente en nuestro sistema educativo. Puede que haya clases de arte, talleres de escritura creativa y hasta cursos de música. Pero no encontraremos cursos de imaginación, de visualización, de percepción espacial, de creatividad, de intuición o de inventiva. Sin embargo, los educadores valoran estas cualidades y esperan que se desarrollen como consecuencia natural de un entrenamiento verbal y analítico, que educa en sentido contrario.

El sentido común a veces se orienta a la cooperación y otras a la competencia. Un ciego y un paralítico perdidos en el bosque -si  quieren salvarse- deben cooperar, montándose el paralítico sobre las espaldas del ciego. El ciego podría salvarse aun estando solo, aplicando el sentido común;  ya que le bastaría para salir  avanzar en línea recta.

Afortunadamente, el desarrollo se produce casi a pesar del sistema escolar; hay que advertir esa capacidad de supervivencia del cerebro derecho. Una de las habilidades más maravillosas  es imaginar: ver una imagen con los ojos de la mente. El cerebro puede crear una imagen y después mirarla como si realmente estuviera allí. Suele llamarse a esto visualizar cuando hay movimiento o imaginar si la imagen permanece inmóvil.

Visualizar e imaginar son importantes para el dibujo. Para dibujar algo, el artista mira el modelo, lo «fotografía» con la mente, mantiene la imagen en la memoria y después mira al papel y dibuja. Otra mirada, otra imagen fijada, más dibujo, y así sucesivamente. El modo-I es predominantemente lineal, verbal, simbólico y analítico. El modo-D es predominantemente espacial, holístico, no verbal e intuitivo.

En respuesta a una pregunta sobre los métodos de trabajo de los matemáticos, Albert Einstein respondió: «Las palabras o el lenguaje, tal como se dicen y se escriben, no parecen tener ningún papel en mi mecanismo de pensar. Las entidades físicas que parecen servir como elementos del pensamiento son ciertos signos e imágenes más o menos claras, que  puedo reproducir y combinar "voluntariamente".»

Cuando escribimos lo peor es rendirse ante las palabras. Cuando pensamos en un objeto concreto lo hacemos sin palabras, y después buscará la palabra que encaje con él. Al pensar en algo abstracto uno se siente inclinado a emplear palabras desde el principio, y a menos que se esfuerce  en impedirlo, el diálogo corriente llegará a toda prisa para hacerse cargo de la tarea, a riesgo de cambiar el significado. Lo mejor es evitar el uso de palabras durante el mayor tiempo posible, para dejar claras las ideas a base de imágenes o sensaciones.

 «Sabemos desde hace mucho que la ciencia es uno de los métodos para estudiar el mundo. Otro método -complementario- es el del arte. La existencia conjunta del arte y la ciencia es en sí misma una buena ilustración del principio de complementación. Uno puede dedicarse completamente a la ciencia o vivir exclusivamente a través del arte. Ambos puntos de vista son igualmente válidos, pero tomados por separado son incompletos. La columna vertebral de la ciencia la constituye la lógica y el experimento. La base del arte es la intuición y la penetración. Pero el arte del ballet requiere una precisión matemática. «La inspiración es tan necesaria en geometría como en poesía». Ambas se complementan, en lugar de contradecirse. La verdadera ciencia es afín al arte, del mismo modo que el verdadero arte siempre incluye elementos de ciencia. Reflejan aspectos diferentes y complementarios de la experiencia humana, y sólo nos dan una idea completa del mundo cuando se utilizan juntos. Por eso no podemos asegurar el grado de perjuicio que sufrimos a causa de una percepción unilateral de la vida.» Leonid Ponomarev. En busca del Quantum

Poner las patas para arriba. Las cosas familiares no parecen las mismas cuando se ven cabeza abajo. Es habitual asignar a las cosas una parte superior, otra inferior, etc., y verlas orientadas del modo habitual: la cabeza arriba y los pies abajo. Así podemos reconocerlas, nombrarlas y clasificarlas, acomodando lo que vemos a los conceptos almacenados.

Cuando una imagen se ve cabeza abajo, las pistas visuales no concuerdan. El mensaje es extraño y el cerebro se confunde. Vemos las formas y las zonas de luz y sombra. No molesta tanto ver imágenes cabeza abajo, pero lo exasperante es tener que nombrarlas.

El ejercicio de la imagen invertida permite la experiencia consciente de pasar del hemisferio I al D. El estado de conciencia D puede así reconocerse. Se estaba consciente de estar bien despierto y un rato después hallarse sumido en ensoñaciones, sin advertir cuando ocurrió, pero una vez que se ha experimentado, se puede apreciar la diferencia.

Este conocimiento ayuda a provocar el cambio por control consciente, que facilita el progreso en el dibujo y que permite ver del modo en que lo hacen los artistas. Es evidente que no podemos estar todo el tiempo volviendo las cosas cabeza abajo. Los modelos y los paisajes no van a ponerse de cabeza para que uno los copie. Por lo tanto hay que aprender a hacer el cambio mental viendo las cosas en su posición normal. La clave está en dirigir la atención a la información visual que el hemisferio izquierdo no puede o no quiere procesar. Se trata de presentar una tarea que rechace, para que el derecho se haga cargo y la dibuje.

En el estado del modo-D, uno es inconsciente del paso del tiempo; el lapso que se pasa dibujando puede haber sido largo o corto, pero uno no lo sabe a ciencia cierta. Si había alguna persona cerca y habla, no se la entiende o no se la quiere entender.

El modo-D  libera del dominio verbal y simbólico del modo-I. El placer se debe al descanso del hemisferio izquierdo, que interrumpe su charla, se mantiene tranquilo y deja de controlar. Esto puede explicar algunas prácticas antiquísimas, como la meditación y los estados auto-inducidos de conciencia que se logran mediante el ayuno, las drogas, los cantos rituales o el alcohol. El modo-D induce un estado alterado de conciencia.

Se denomina dislexia al padecimiento de problemas con el lenguaje, podríamos llamarla disarte a la discapacidad para dibujar. Nadie se ha molestado en combatirla, porque el dibujo no es imprescindible para la supervivencia, como leer y hablar. Por eso nadie se fija en que los adultos dibujan como niños y que muchos niños dejan de dibujar a los diez años.

Estos niños crecen y se convierten en adultos que dicen que nunca supieron dibujar y que son incapaces de hacer una línea recta. Si se les pregunta, suelen confesar que les hubiera gustado aprender a dibujar y resolver problemas de dibujo que lo atormentaban de pequeño. Están convencidos de que eran incapaces de aprender a dibujar, muchos adultos competentes y seguros de sí mismos se sienten nerviosos si se les pide que dibujen una cara. El dibujo puede ser un eficaz instrumento para resolver problemas. Un dibujo permite ver nuestros sentimientos. El hemisferio derecho, por un dibujo, explica el problema al hemisferio izquierdo que puede utilizar sus poderosas facultades para resolverlo.

El hemisferio Izquierdo es verbal y dominante, y no desea demasiada información sobre las cosas que percibe: sólo la suficiente para reconocerlas y clasificarlas. En este sentido aprende a echar un vistazo rápido y decir; «Esto es tal cosa». Dado que el cerebro está todo el tiempo sobrecargado de información, filtrar las percepciones da muy buenos resultados casi todo el tiempo. Pero para dibujar es preciso fijarse bien, apreciar gran cantidad de detalles, registrar toda la información que sea posible. Lo ideal sería captarlo todo.

Para dibujar, el artista tiene que reflejar las cosas como son. Para ello hay que desactivar el modo-I dominante, con su categorización verbal, y activar el modo-D . Para eso hay que plantear tareas que el hemisferio izquierdo no pueda o no quiera realizar.

En dibujo, se entiende por composición el modo en que el artista ordena y distribuye los componentes de la imagen. Son las formas positivas (objetos o figuras), los espacios negativos (zonas vacías) y el formato (la longitud y anchura de los bordes de la superficie). Para componer un dibujo, el artista sitúa las formas positivas y los espacios negativos dentro del formato. La forma de la superficie (el papel rectangular) influye en la distribución adentro de la misma.  El hemisferio izquierdo no está bien equipado para tratar con el espacio vacío. No puede nombrarlo, reconocerlo, hacerlo coincidir con categorías; carece de símbolos preparados para ello. El hemisferio izquierdo se aburre con los espacios, se niega a hacerse cargo y se los pasa al hemisferio derecho. Es justo lo que queríamos.

Hay caricaturas en la TV donde un personaje -Bugs Bunny, por ejemplo- llega corriendo y choca con una puerta cerrada, atravesándola y dejando en ella un agujero en forma de Bugs Bunny. Lo que queda de la puerta es el espacio negativo, y el borde interior es también el contorno de la forma positiva (el cuerpo de Bugs Bunny). En otras palabras, el agujero y la puerta sólida comparten los bordes, y si dibujamos uno habremos dibujado también el otro.

La percepción engaña: explique qué ve en el gráfico anterior. Muchos incluyen un triángulo blanco. Sin embargo el triángulo blanco no existe sin el resto. Es una creación del cerebro.

¿Por qué es más fácil dibujar cuando se dibujan las formas de los espacios? Parece que el hemisferio izquierdo, al carecer de nombres o categorías para un espacio negativo, cesa de insistir en lo que sabe y deja la tarea al hemisferio derecho. El problema al dibujar objetos conocidos es que sabemos demasiado sobre ellos. Sabemos que las mesas son planas y tienen esquinas cuadradas (o son redondas u ovaladas), que todas las patas son iguales, que el respaldo es perpendicular al asiento y que el asiento permite sentarse cómodamente.

Los principiantes tienen problemas con la proporción: dibujan algunas partes demasiado grandes o demasiado pequeñas en relación con la forma completa. Al parecer, la razón es que las ven en forma jerárquica. Las partes importantes (es decir, las que contienen mucha información) pueden verse más grandes de lo que son. Lo mismo sucede con las partes que pensamos que deberían ser mayores. Y al contrario: las partes que creemos no importantes, o pequeñas, o que pensamos que deben serlo, las vemos como si fueran más pequeñas.

Por otra parte, mirando el paisaje invertido (orientación que el hemisferio izquierdo rechaza), resultará más fácil darse cuenta. La misma información visual provoca respuestas diferentes. El hemisferio derecho, menos influido por el concepto del tamaño, ve las proporciones correctamente. No cree en lo que ve.

El dibujo de retratos es útil para el reconocimiento de rostros humanos y puede hacer las precisas discriminaciones para obtener un retrato similar, dibujar caras ayuda a reforzar la percepción de las relaciones de proporción, ya que la proporción es fundamental en el retrato y es una excelente práctica para superar los símbolos arrastrados desde la infancia. Y si podemos dibujar un retrato con un parecido convincente, dispondremos de un buen argumento para demostrarle al hipercrítico hemisferio izquierdo que tenemos talento. El retrato no es difícil cuando uno es capaz de ver cómo los artistas.

Quizás haya sentido una sorpresa cuando el dibujo empezó a aparecer como una cara.

Cuando se dispone del poder de combinar los talentos de ambos hemisferios, se abre la puerta para hacerse más consciente, más capaz de controlar los procesos verbales que pueden distorsionar el pensamiento, a veces hasta el punto de provocar un malestar físico. El pensamiento lógico y sistemático es esencial para sobrevivir en nuestra cultura, pero si nuestra cultura quiere sobrevivir debemos aprender cómo el cerebro moldea la conducta.

Aplicaciones del dibujo al estudio. ¿Es posible aplicar la matriz creativa descubierta para el dibujo a la tarea del estudiante? Los conceptos y las ideas no pueden observarse directamente. Primero hay que formar los conceptos y darle forma a las ideas para luego intentar dibujar sus representaciones. Para eso debemos saber que una observación directa o una lectura generan huellas distintas. Representar, es la habilidad para resumir en fórmulas sintéticas los elementos esenciales de la información. "Imaginar" proviene del latín y significa "imitar lo real". Para lograr el máximo realismo, hay que crear imágenes multisensoriales. Como se recuerda el 5% de lo que se escucha, el 20% de lo que se ve y el 90% de lo que se hace, es conveniente perfeccionar el registro con actos físicos, como por ejemplo, dibujar o fotografiar la situación, es decir aprender a transformar la percepción en un acto consciente. Por ejemplo, si hablamos de amor, se puede dibujar un corazón.

Los trazos, como veremos, tienen que ser simples y entendibles por uno mismo, no se busca la estética en sí. No es una obligación que los gráficos sean entendibles por terceros, la idea general de es que le sirva a uno mismo para recordar. La grafosíntesis reforzará el lado creativo, tanto en el ámbito escolar como en el profesional. Hará más fácil el proceso de aprendizaje. Se crea de esta manera un hábito de estudio ¿Cómo representaría con trazos sencillos conceptos abstractos como obedecer, desesperación, triunfo y vejez?

 

 

MAPAS MENTALES. Para estudiar necesitamos realizar buenos mapas mentales para llegar al destino. En el cerebro mapean los dos hemisferios: el de las imágenes (sensorial, sintetizador, afectivo, analógico)  y el de las palabras ( lógico, analítico, secuencial, inferencial).  Leer o escuchar sin sintonizarlos es distraerse y perder el tiempo.

Los mapas mentales que siguen el formato de la lengua se adecuan a lo lineal, secuencial, articulado. Para comprender totalmente una palabra o un relato hay que esperar hasta el final. La mente, por el contrario, parte de algún punto y salta a cualquier lado. Los mapas mentales al espejar su movimiento, permiten  acceder y modificar a la central eléctrica del pensamiento que es el cerebro. Para leer o escuchar nos adaptamos a un orden lineal, pero la mente no se ajusta a ese formato: es mejor enseñarle a construir  mapas mentales.

Einstein decía que la lógica te lleva de A hasta B y la imaginación te lleva a cualquier parte. George Bernard Shaw dijo que el hombre razonable se adapta al mundo, y que el hombre irrazonable adapta el mundo a sus ideas. Concluye con que el progreso depende del hombre irrazonable. Volviendo a Einstein también dijo: en épocas de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento. Newton descubrió la ley de gravedad cuando una manzana impactó sobre su cabeza. En una punta del cerebro está la observación, en el medio la memoria y la salida estratégica es la imaginación productiva.

Grafosíntesis. En clases o lecturas el alumno está como enjaulado. No debe moverse, ni hablar ni interrumpir, (sólo preguntar cada tanto). Lo único que le está permitido es tomar apuntes. Así se mantiene despierto y puede seguir el pensamiento del expositor. Pero tomando notas textuales gasta mucha energía y pierde concentración. La solución es perfeccionarlas con apuntes telegráficos, que permitan atender el mayor tiempo posible. 

El ojo en la lectura y el oído en la escucha deben trabajar en equipo con la mano, la que dibujando mapas mentales, actúa como agente auxiliar del cerebro. El tema central se coloca en el centro de la hoja que se convertirá en un mapa. Esa imagen magnética atraerá los asuntos nuevos mediante ramas y flechas, como los links de un sitio web.

Habrá que dejar espacio para lo vendrá, escribir con lápiz  para borrar o reordenar jerárquicamente los conceptos y expandir la construcción del mapa en el tiempo. 

Mapa mental o conceptual.  Son estrategias de aprendizaje. Un mapa es un documento personal que registra el cambio de la memoria mientras se aprende. El mapa mental interno es el diseño gráfico de las creencias. La neuroplasticidad del cerebro crea rutas neuronales. El mapa conceptual surge del texto. Juntos conjugan lo nuevo, y el cerebro los reorganiza como pensamiento propio, no por orden de llegada sino como unidad de idea,  resaltando con palabras o dibujos, los elementos claves. Según la ley 80/20 de Pareto el 20% de los factores, generan el 80% de los resultados. El mapa debe resaltar ese 20% relevante.

En el mapa conceptual predomina el hemisferio izquierdo, en el mental el derecho.

Una imagen vale por mil palabras. Lo que llega al cerebro (sensación, recuerdo o pensamiento) irradia múltiples enlaces en redes. La mente es una bio-computadora, que refleja redes neuronales. Coordinando los mapas mentales con los conceptuales, el pensamiento irradiante muestra natural y automáticamente cómo funciona el cerebro. Esa libertad evita la asociación lineal, y facilita la aplicación práctica.

Cuando vamos al cine recordamos la película sin esfuerzo. Cuando leemos un libro nos quedan las generalidades. Para mejorar hay que aprender a realizar películas mentales.

Los mapas comunican lo perceptivo con lo cognitivo. Los objetos se ven directamente, pero simbolizar implica reemplazar lo ausente por lo presente, imaginar relaciones entre dos estructuras: la conceptual y la gráfica, poder traducir lo abstracto en concreto.

Para algunos es sencillo, pero otros deben entrenar esta facultad natural con ejercicios de neuróbica, que es a las neuronas lo que la aérobica es al cuerpo. Para eso hay que realizar transcripciones de textos a diagramas unidos con flechas, e imaginando situaciones que reflejan los conceptos aprendidos. En síntesis un buen mapa es cómo una película donde uno mismo le da forma visual al guión. Y según Einstein el arte es la  manera de llegar a las verdades más profundas recorriendo el  camino más sencillo.

Medicina, Psicología y Educación.  La medicina a través de las neurociencias, en la década del cerebro (1990-2000) realizó  el descubrimiento de lo que pasa en el cerebro mientras piensa. La Psicología (entre 2000 y 2010) descubrió la teoría de las inteligencias múltiples, según la cual todos somos genios en alguna inteligencia especial. La educación (entre 2010 y la actualidad) ha desarrollado la teoría de las inteligencias complementarias, según la cual se pueden combinar las inteligencias (espiritual, emocional, creativa, estratégica, ejecutiva, social y digital), para convertir el empowerment o poder interior en materia, haciendo circular esa energía. Mediante la introspección y aprendiendo cómo funciona nuestro cerebro podemos convertirnos en observadores activos. Al observar el funcionamiento se amplían los poderes de percepción y se aprovechan las capacidades de ambos hemisferios. Al enfrentar problemas tendremos la posibilidad de ver las cosas de dos maneras: abstracta, verbal y lógica, pero también holística, no verbal e intuitiva.

Como decía Nietzche los métodos son la mayor riqueza del hombre.

Una niña de seis años trabajaba en la clase de dibujo y su maestra le pregunta: “¿Qué estás dibujando?”, y contesta: “A Dios”; la maestra le advierte: “¡Pero si nadie sabe cómo es!” y la niña responde: “Lo sabrán en unos minutos”. La cuestión no es que en clase cada alumno conteste lo que le parece, sino que el profesor tenga en cuenta el factor humano, que hay niños que utilizan una lógica distinta, la de la imaginación, y pregunte el por qué cuando vea una respuesta anodina, para adaptar sus explicaciones y su lenguaje a facilitar la comprensión por parte de quienes procesan primero por el hemisferio derecho. No son menos brillantes ni mucho menos, sólo tienen una lógica distinta. 

Los educadores deben aprender a entrenar ambos hemisferios: no sólo el hemisferio izquierdo, al que siempre se le ha prestado atención, sino también el derecho que suele descuidarse. Deben preparar al estudiante para dominar el estilo de cognición adecuado a la tarea. Deben capacitarlo para que pueda aplicar ambos estilos de una manera integrada.

El poder inteligente es un querer con eficacia. Sin saber lo que se quiere no existen vientos favorables, y sin métodos el querer se frustra. La enseñanza y el aprendizaje deben convertirse un proceso mucho más preciso. El objetivo último es desarrollar las dos mitades del cerebro. Ambos modos son necesarios para el pleno funcionamiento humano, y ambos son necesarios para toda clase de trabajos creativos, se trate de escribir, de dibujar, de desarrollar una nueva teoría física, o de afrontar problemas del medio ambiente.

La materia prima más importante del cerebro es la materia gris, pero no crece como la lechuga sino con una educación avanzada. La educación es la industria pesada de cualquier país porque fabrica los ciudadanos y los dirigentes del futuro.

 

* El doctor Horacio Krell es el CEO Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre métodos para optimizar la inteligencia. Mail de contacto horaciokrell@ilvem.com.

 

Los  espero en el próximo boletín.

 




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