YO QUIERO SABER LO QUE QUIERO

Yo quiero saber lo que quiero es una afirmación clave en la vida de una persona, ya que puede cambiar radicalmente lo que siente, lo que hace y lo que piensa.

 

YO QUIERO SABER LO QUE QUIERO *

 

  * Dr Horacio Krell. Director de Ilvem.


Yo quiero saber lo que quiero es una afirmación clave en la vida de una persona, ya que puede cambiar radicalmente lo que siente, lo que hace y lo que piensa.

Concentrarse es mantener la mente en algo durante un tiempo y controlar los desvíos.

La concentración es el medio y el querer es el fin. La vida nos somete a un test continuo entre el querer y el poder. Concentrarse en una idea o en un concepto como Yo quiero saber lo que quiero le da a la mente una dirección hacia su mundo interior.

Para optimizar el proceso de convertir el querer en poder hay que saber lo que nos apasiona. La energía necesaria para el logro de cualquier objetivo importante se nutre de la batería interior del autoconocimiento, para de aprender a ser lo que queremos ser.

Cuando la rutina nos hace olvidar el propósito original, trabajamos sin saber por qué. Para salir del encierro, cuando la atención se atasca, la mejor estrategia es volver al resultado esperado, alineando el foco de atención con la asignación de importancia. Para eso hay que repetir Yo quiero saber lo que quiero, o simplemente yo quiero, cuando la verdad aparece.

Serás lo que sepas ser o no serás nada. Al saber lo que queremos la energía circula por el hemisferio creativo del cerebro. Entonces la imaginación abre ventanas hacia el futuro para que la voluntad elija. Inspirar la vida en un propósito y concentrarse en él, permite observar al suceso como oportunidad. El esfuerzo sin método agiganta el obstáculo. Hay que saber navegar por la mente y ante el extravío concentrarse: Yo quiero saber lo que quiero.

Capacidad de observación. ¿En un semáforo qué luz está arriba? Dudamos porque miramos sin ver. Observar es salir del piloto automático con una atención flotante, silenciosa, sin agitación ni excitación. Ante la falta del objeto presente, la imagen puede representarlo como la figura y el fondo. Si lo natural del objeto es su movilidad, así deberá ser la imagen. El buen observador confía en sí mismo.

Primero la percepción. Sin ingreso no hay proceso, lo percibido se relaciona con algo, como el corazón que se expande y se contrae. Hay expansión o meditación cuando dos ideas se juntan, pero la imagen se torna confusa. Contracción es concentración.

El proceso mental asociativo puede ser mecánico o bien dirigido desde el yo quiero, esta es la diferencia entre el vagabundeo mental y el pensamiento creador. Pensar es anticiparse, buscar en una dirección. Para buscar hay que: 1) decidir a qué atender, 2) mover la voluntad desde un concepto a otro, 3) inspeccionarlos, relacionarlos, viajar a través de ellos.

Los instrumentos. El cuerpo es el medio, los sentidos brindan información sobre el mundo externo, y la mente es el vehículo interior, que con su telescopio y microscopio psíquicos, recorre paso a paso o saltando mediante ideas creativas. Al rodeo que hace el pensamiento para llegar al objetivo debe regularlo saber lo que quiero o Yo quiero saber lo que quiero.

El éxito de la asociación de ideas depende de la elección de la segunda, ya que le dará una ruta al pensamiento. En un accidente, según lo que se quiera ver, el pensamiento viajará en una u otra dirección. La víctima, el abogado, el mecánico, el médico, el policía, verán aspectos diferentes. Y a medida que avancen se alejarán del origen.

Los estímulos compiten entre sí para captar nuestro interés, pero es nuestro yo quiero el que define a qué atender, es un imán que atrapa la atención. Sin el interés, el pensamiento no tiene conductor. La concentración materializa el triunfo de quien conociendo su destino crea la senda que lo llevará. Para él todo sirve, hasta las piedras en el camino. Como dijo Séneca no hay vientos favorables para el que no sabe a que puerto quiere arribar.

Gimnasia de la voluntad. La concentración tiene un proceso. Para entrenarla hay que elegir al azar cualquier punto de partida y de llegada. Lo importante es que lo interno genere lo externo. No hay que fijarse un yo quiero imposible, sino querer de verdad, concentrarse en el querer, y ocuparse en lugar de preocuparse. A mayor ocupación mejor concentración. Al iniciar una tarea tómese el tiempo para comunicarse interiormente.

El paso previo a la acción es la relajación, tomar conciencia del recorrido y de lo que falta. La demostración de la fuerza del yo quiero saber lo que quiero es el resultado obtenido.

Y cuando el deseo es lo suficientemente grande cualquier obstáculo se vuelve pequeño.

* Dr Horacio Krell. Director de Ilvem. Secretario de rel. internacionales de UAF Unión Argentina de Franquicias y propulsor de UP Unión de Permutas. Consultas horaciokrell@ilvem.com.

Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples (espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística, estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).

Informes en www.ilvem.com o al teléfono 48215411. 

 

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qalezlaidea
07/09/2010 21:51:14
 
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