Saber observar es más que ver. Observar es el paso inicial de cualquier proceso mental, es  la puerta de entrada del mundo externo hacia nosotros mismos.


OBSERVAR ES MÁS QUE VER

 
  * Dr Horacio Krell. Director de Ilvem.

Saber observar es más que ver. Observar es el paso inicial de cualquier proceso mental, es  la puerta de entrada del mundo externo hacia nosotros mismos.

Observar es el resultado de una necesidad ya que sin motivación dejaríamos pasar el estímulo sin registrarlo. Se puede regular la atención para observar de un modo consciente. Aprender a observar es la base de una memoria sistémica no sujeta al capricho de los estímulos.

Cuanto mayor sea el conocimiento, mejor será el resultado. La persona que sabe, puede observar lo que nadie ve. Según Pasteur, “el azar favorece sólo a las mentes preparada”.

Aprendamos a observar.  Se trata de cultivar una actitud de asombro frente al milagro de la naturaleza. Las fuentes son múltiples, es todo lo que se nos presenta a lo largo de la jornada: una cita, un objeto, una carta, una idea. Flaubert decía que “cualquier cosa observada detenidamente se vuelve maravillosa”. Enfrentados al objeto, lo importante es aprender a preguntar sobre su historia, su proceso de fabricación, la materia prima que lo constituye, etc.

Para que la percepción perdure, hay que observar con los dos hemisferios cerebrales: las emociones a través del hemisferio derecho y los conceptos abstractos con el izquierdo.

Si al observar ingresamos sólo los datos emocionales o, sólo abstracciones, disminuirá la calidad de la recepción y quedará mal registrada en la memoria.

El estado mental óptimo para observar se logra mediante técnicas de relajación y concentración. El estado “receptivo” combina la atención flotante (estar preparados para sacar provecho del azar) y una acción específica (tener la intención de observar). Si bien la observación es un acto único presenta dos tipos:

1. Observar reproductivamente. Es  representar el objeto, a la persona o el hecho tal como es y no como una abstracción conceptual.

Para lograrlo debemos dejar de actuar “en automático”. Muchas veces, cuando aprendemos a realizar una tarea, tendemos a repetir la rutina sin considerar otra forma de llevarla a cabo.

De acuerdo con esto, pasemos nuestra mente de “automático” a “manual” y comencemos a experimentar una nueva manera de ver la realidad. Penetremos en ella con espíritu de curiosidad, generando así  una cuota mínima de observaciones diarias significativas.

La mente como cámara fotográfica. Una técnica para observar es la fotografía mental de lo percibido. La misma debe ser de carácter multisensorial: el objeto tiene que ingresar a través del aparato sensorial. No olvidemos el sexto sentido, la intuición, que representa la respuesta emocional ante el estímulo presentado.

Para comenzar tomemos un objeto, algo que veamos todos los días, como un libro o un adorno de nuestra casa. Mirémoslo desde todos los ángulos posibles, toquémoslo, percibamos su perfume si lo tiene. Una vez que encontremos la mejor ubicación y nos sintamos motivados a fotografiarlo, accionemos el disparador en nuestra mente.

Es importante que fotografiemos en estado de plena receptividad, en el cual se produzca la sensación subjetiva de que es la oportunidad perfecta para accionar la cámara. Para evaluar si la fotografía fue tomada correctamente, cerremos los ojos y veamos si podemos observar la copia. Luego, comparémosla con el original. A veces es necesario tomar varias fotos hasta lograr la ideal.

Una vez que podamos fotografiar un objeto con facilidad, tomemos dos y luego tres y así sucesivamente hasta poder fotografiar muchos sin dificultad. De esta manera, perfeccionaremos la observación y el recuerdo.

La mente como proyector.

La reproducción de la observación realizada asienta la huella mnémica de cuya calidad dependerá la calidad de la imagen. El valor de esa huella se comprueba mediante una técnica muy sencilla: usar nuestra mente como proyector cinematográfico y comparar nuestras imágenes con la realidad.

Con esta técnica estamos haciendo uso de la imaginación que es la capacidad que tiene la mente de imitar lo real y reproducirlo interiormente. “La imaginación no es más que el aprovechamiento de lo que se tiene en la memoria”, decía Pierre Bonnard

Para alcanzar la capacidad imaginativa en un mundo dominado por abstracciones es fundamental aprender a observar las formas, colores, sabores, olores y sensaciones físicas. La imagen -a diferencia del concepto- nos atrapa por su carácter de cosa viva.

El concepto es estático, no posee belleza pues su fin no es estético; tampoco puede emocionar. Simplemente, presenta los rasgos esenciales que necesita un determinado objeto para ser tal. Tiene una función utilitaria.

Por el contrario, la imagen es cambiante, posee diversas figuras y colores que producen innumerables sensaciones. Esto es lo que debemos captar a través de la observación y luego proyectarla con ayuda de la imaginación. Y, al actuar sinestésicamente (es decir, integrando los sentidos), lograremos ejercitar en forma paralela los dos hemisferios cerebrales.

En un mundo materialista se utilizan los conceptos para alcanzar los fines, y la imaginación se subordina. Hoy, la seguridad del empleo de por vida ya no existe y la imaginación es  imprescindible para inventar el futuro.

2. Observar creativamente. Es generar una diferencia con respecto al enfoque habitual. La realidad es la misma, lo que cambia es la visión. La mirada creativa captura algo más, lo que el común de la gente no puede ver. Toma como base la observación reproductiva pues ésta le provee de la materia prima que hace factible la creación.

¿Cómo ejercitar la observación creativa? Utilizando al igual que en la descriptiva, la realidad que nos rodea pero buscando el detalle que lo transforme en otra cosa. Intentemos deducir el carácter de las personas que pasan a nuestro lado según su forma de vestir o actuar. Por ejemplo, si una mujer va por la calle bien vestida, calzada con zapatos bajos y lleva un bolso gastado y de gran tamaño como cartera, podríamos decir que pone la practicidad por encima de la estética.

Los viajes cotidianos son una fuente inagotable: un pasajero hace el ademán de levantarse para descender. Si estamos atentos observaremos quién está desesperado por sentarse, quién se dispone a ceder el lugar y quién, maliciosamente, obstruirá el paso al desesperado.

Estos son los primeros ejercicios para desarrollar nuestra capacidad de observación creativa.

Otras técnicas de observación:

1.       El dibujo. Al dibujar, miramos primero cada detalle, buscamos el mejor ángulo, la iluminación óptima, etc., y luego lo plasmamos en el papel. También quedará grabada, en el dibujo, nuestra respuesta emotiva ante el objeto.

2.       Cambiar el punto de entrada, empezando a percibir desde otras perspectivas. Por ejemplo, en lugar de prestar más atención a lo que está más próximo hay que observar  lo que se encuentra más lejano. Si trabajamos en una oficina, observemos los objetos de los otros escritorios, lo que puede haber pegado en las paredes, etc., y después lo que hay en nuestra mesa de trabajo.

3.       Rotar la atención hacia cada área del problema. Observarla una por una. Toda situación tiene varias facetas. Si nos quedamos con la primera que se nos presenta, probablemente no lograremos solucionar nada. En cambio, si observamos detenidamente cada parte  y la analizamos podremos entonces alcanzar la respuesta. Cuanto más se conoce algo, más sencillo es comprenderlo.

4.       Comentar nuestra observación con otras personas, comparando lo que cada una percibió.

5.       Si queremos relacionar una cara con un nombre, utilicemos la observación creativa.

Saber observar, produce resultados inmediatos: en el trabajo puede significar un ascenso; en el estudio, aprender en menos tiempo; y en la vida, conocer mejor a nuestros semejantes y desarrollar ideas brillantes.

Un bello ejemplo de complementación entre el conocimiento, la imaginación, la curiosidad y el carácter del observador fue el caso de Newton y la manzana. Mientras otras personas maldecían si una manzana las golpeaba en su cabeza Newton aprovechó la situación para crear la ley de gravitación universal, conocida como la ley de gravedad.

 

* Dr Horacio Krell. Director de Ilvem. Secretario de rel. internacionales de UAF Unión Argentina de Franquicias y propulsor de UP Unión de Permutas. Consultas horaciokrell@ilvem.com.
 
Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples (espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística, estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).
 
Informes en www.ilvem.com o al teléfono 48215411. 



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