Ensayo y error es una forma de aprender. El error a menudo se presenta como  una discrepancia entre lo que es y lo que debería ser.


ERROR

 
  * Dr Horacio Krell. Director de Ilvem.

Ensayo y error es una forma de aprender. El error a menudo se presenta como  una discrepancia entre lo que es y lo que debería ser.

Aprender por el error. Es aprender analizando para que el feedback permanente con la realidad impida que el error se convierta en hábito. El éxito de una decisión se conoce después lo que dificulta aprender del resultado. Pero comparando objetivos y logros se puede rectificar. El error se detecta en la acción. El que no hace no se equivoca pero tampoco aprende.

Ensayo y error. Si encerramos a un perro y situamos afuera la comida; el perro busca la salida hasta que por casualidad aprieta la palanca que es el dispositivo de salida. Si se repite el animal aprenderá que para salir y obtener comida debe apretar la palanca. Su conducta provoca la aparición de un condicionamiento que refuerza la probabilidad de que la repita.

En las personas la efectividad del aprendizaje no sólo se aprovecha ante una situación nueva sino que puede ampliar su repertorio. Al operar por ensayo y error  interviene en el medio, lo modifica y este influye sobre él: si los resultados de la acción son beneficiosos la conducta se aprenderá; si son desagradables tenderá a desaparecer.


Error bueno y error malo. El hombre es el único animal que choca dos veces con la misma piedra. El error que repetido es el error malo. El error bueno surge al hacer algo diferente. Einstein decía que es una locura pensar en mejorar haciendo más de lo mismo y Edison agradeció a los 999 errores previos a la invención de la lámpara eléctrica. Cada error le enseñaba lo que no debía hacer la próxima vez. Para Pareto el 20% de los factores inciden en el 80% del resultado. El error es no advertirlo y darle la misma importancia a todo. En la mentalidad de bombero imperante se corre detrás de lo urgente y no de lo importante.

Error de gestión. La mayoría comete el error de saber lo que no quiere y sus defectos, pero le cuesta precisar sus virtudes y lo que desea. Para no gestionar incompetencias la clave es detectar las fortalezas y desarrollarlas. Para eso hay  que dejar  la arrogancia del culto a la  experiencia o la inteligencia práctica y detectar cuál es la brecha del conocimiento. Para Elliot el conocimiento que se perdió con la información y la sabiduría se perdió con el conocimiento.

Error por falsa creencia. El feedback es el indicador: no hacer el seguimiento del error, confiar que las ideas actúen por sí mismas, no tener buen trato con la gente que es el lubricante social, no comparar expectativas y resultados, no detectar causas, no saber lo que se quiere.

Error por desconocimiento. En el siglo XVII  un sabio podía abarcar todo el saber de su época. Hoy es imposible, el conocimiento crece en forma exponencial y sus hallazgos afectan la competitividad de las personas y de las naciones. En el siglo XXI con la explosiva expansión del conocimiento el error es la posibilidad más posible.

Error por conocimiento. El crecimiento del saber creó especialistas y según Maslow como cada uno tiene un martillo todo lo que ve le parece un clavo – lo que lo lleva al error-.  En épocas de teorías aceptadas los científicos barren la basura (el error) debajo de la alfombra, los anteojos que tienen puestos les impiden observar. Khun llamó paradigmas a las teorías que no se cuestionan  porque las comparten los que detentan el saber. La educación cultiva la disciplina y no la curiosidad, el error se penaliza.

Error en la educación. En aras de la socialización y la uniformidad la educación no desarrolla fortalezas. Invierte recursos y energía para pasar de áreas de incompetencia a las de mediocridad, cuando lo que debería hacer es convertir la competencia en excelencia. El sí es más fuerte que el no. Las fortalezas son las capacidades de crear, analizar, aprender, hacer, socializar; de conocerse a sí mismo y actuar en consecuencia. Poder es querer más eficacia.

Error de misión. No conocer el sentido de nuestra vida, no relacionar fortaleza y  oportunidad y no saber decir no o sí ante las propuestas. Esto implica que ante  la situación hay que saber cómo contribuir y medir el resultado. El  desafío debe ser alcanzable y  cuantificable. El pensamiento estratégico se interroga: ¿Dónde estaba ayer? ¿Dónde estoy hoy? ¿Dónde quiero estar mañana? ¿Cómo haré para conseguirlo?

Podemos ser ricos en fortalezas pero no saber usar esa riqueza. Sin inteligencia la fortaleza es ciega y  puede lastimarse chocando varias veces con la misma piedra.

Error de tiempo. El pasado aporta la experiencia, el presente lo nuevo y el futuro el deseo, es decir conocimiento, información, e imaginación. Para Einstein la imaginación importa más que el conocimiento. Para que el error sea fuente de aprendizaje hay que evitar la trampa del pasado aplicando recetas a contextos diferentes, y la trampa del presente que es atenerse a los hechos perdiendo de vista los valores y la misión. El error es olvidarse de construir el futuro.

Las fortalezas claves son intangibles, si no se usan se pierden. Por lo tanto la capacidad de cambio no se basa solo en las fortalezas sino en la forma de aplicarlas. Se trata de repetir una y otra vez el  feliz encuentro entre  la fortaleza y la oportunidad.

La causa del error. Un error marca la discrepancia entre lo que es y lo que debería ser y de allí surge el problema, que es el planteo que inicia la búsqueda de la solución. Para que exista un problema  hay que aceptarlo, debe estar al alcance intelectual y querer resolverlo. El problema es el motor de la inteligencia y el pensamiento es el instrumento de su resolución. La causa del problema se manifiesta en el error de allí deriva su valor como fuente de aprendizaje.

Ventajas del error. La resiliencia: el poder de la adversidad. El  deseo siempre encuentra sus límites: los recursos, el tiempo, las reglas y la técnica, pero el inconsciente maneja infinitos repertorios para conectarse con las voces  de la inspiración y de la realización.

El obstáculo y el error son oportunidades. Lincoln perdió 49 elecciones antes de ser  presidente de los EEUU. El error es la  materia prima del aprendizaje, la historia está llena de errores afortunados. Fleming ideó la penicilina  viendo como el moho contaminaba sus platos, la adversidad se convierte en un bien para el que aprovecha la fuerza del adversario o cuando al caer se levanta apoyándose en el lugar en que cayó.

El error afortunado.  La vida nos enseña que la dificultad engendra la solución. Cuando la arenilla penetra  por error en la ostra que la enquista, ésta segrega una sustancia que se endurece y la convierte en perla. La ostra transforma el error, hace de la intrusa una parte de sí misma adaptándola a su  naturaleza.

La mala educación castiga el error y premia a quien lo oculta. Watson el legendario presidente de IBM dijo: “el buen juicio viene de la experiencia, la experiencia viene del mal juicio”. Mirando hacia adentro de nosotros mismos el inconsciente es el alimento del creador,  mirando hacia fuera, el error, el accidente y los límites pueden ser perlas, si se los sabe cultivar.

Pasteur decía que el azar favorece solamente a las mentes preparadas. Abundan los descubrimientos surgidos al buscar otra cosa, en los que prevalece el azar, como la famosa manzana de Newton que encendió las luces de la gravitación universal. Pero no es cuestión de suerte, las narices tienen que estar entrenadas. Walpole creó la palabra serendipidad para  el descubrimiento inesperado, fruto del accidente y la sagacidad.

Por otra parte un descubrimiento normal puede cobrar trascendencia mucho después. La gente se pregunta ¿y eso para qué sirve? Para Freud la herejía de una época es la ortodoxia de la otra. Un loco comete un error hasta que su idea tiene éxito; entonces es un genio.

La serendipidad y los episodios de ciencia inesperada conectan la ciencia con el arte y demuestran que si bien la ciencia consigue trascender los límites humanos con principios universales, el conocimiento científico lo crean los cerebros, inmersos en una sociedad y en una cultura. Cerebros que no son entrenados para extraer su capacidad potencial. Einstein decía que el arte llega a las verdades más profundas por el camino más sencillo.

El error es el motor del pensamiento. Un vértigo argumental es un error producido por adherirse a un único punto de vista. Para no caer en el caos y dudar de todo el cerebro intenta preservar un cierto orden. ¿Qué es la presunción? La necesidad de confiar en que las cosas ocurrirán de una cierta manera lleva con frecuencia al error. Por eso suponemos cuando alguien nos dice algo que entendemos lo que nos dice, que nos dice la verdad y que tiene algún motivo para expresarse. Pero si algo no cierra podemos sospechar negando la presunción de verdad o de valor. Si bien podemos aceptar saberes basados en percepciones normales y confirmadas, para juzgar debemos relacionarlos apartándonos de la certeza absoluta o la  ignorancia completa, del  poder total y de la  impotencia.

Aprender a pensar es evitar la sistematización  ilegítima a que conduce pensamiento único que uniforma sin atender las diferencias particulares. Las presunciones deben ser razonables y sujetas a la prueba y al cambio, ya que la verdad es una construcción. Como decía Freud “la herejía de una época es la ortodoxia de la otra”.

Para no caer en la trampa del error inducido, a las virtudes del pensador hay que sumarle las virtudes argumentales de objetividad además de lo subjetivo, la explicación sin acomodarla a la creencia, el contraste de los supuestos con la realidad y las predicciones que mejoren las presunciones porque  permiten comprobar el error. Aprender a pensar implica dominar el pensamiento crítico, el pensamiento creador y el pensamiento estratégico

La ley del error. La ley de Murphy afirma que todo lo que puede salir mal va a salir mal,  el error sería la posibilidad más posible. Para combatirla existe un antídoto eficaz: ser previsor en los detalles y utilizar el feedback con la realidad que evite el círculo vicioso del error.

Para Pasteur el azar (el error) favorece a las mentes preparadas. Primero hay que darse cuenta y no tener creencias muy rígidas. El que cree demasiado en algo no puede pensar, sus creencias se lo impiden. Cuando aparece el error hay que hacer del defecto hallado una virtud a lograr acentuando las fortalezas y oportunidades antes que las amenazas y debilidades.

El arte de negociar. Dos niños se peleaban por una naranja. La madre adoptó una posición salomónica, la cortó al medio y le dio la mitad a cada uno. ¿Fue un error? Sí porque uno quería el jugo y el otro la cáscara para decorar una torta. Recordemos que en el medio de la pileta un enano se ahoga.

El poder del error inteligente no proviene del conocimiento, ya que las verdades cambian con el tiempo, ni de la imaginación ya que sin conocimiento la imaginación es pobre. El conocimiento nos hace razonables y como decía George Bernard Shaw con la razón nos adaptamos al mundo, la imaginación nos hace irrazonables  y con ella logramos que el mundo se adapte a nuestras ideas. El progreso humano depende de su armoniosa combinación, el poder inteligente en la ciencia y en el arte de la vida  es querer con eficacia.

Enseñemos a los niños a experimentar, a cuestionar, a equivocarse, tanto en el mundo externo para acercarse a la verdad como en el mundo interno para conocerse su misión y su genio interior, para que hagan propio el legado de los griegos: “Conócete a ti mismo”.

* Dr Horacio Krell. Director de Ilvem. Secretario de rel. internacionales de UAF Unión Argentina de Franquicias y propulsor de UP Unión de Permutas. Consultas horaciokrell@ilvem.com.
 
Ilvem es una entidad educativa cuya misión es el desarrollo de la mente humana en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples (espiritual, emocional, intelectual, creativa, artística, estratégica, corporal, social, comercial, comunicacional y digital).
 
Informes en www.ilvem.com o al teléfono 48215411. 



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