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EDUCAR AL GENIO


La teoría de las inteligencias múltiples descubrió que todos nacemos con un genio interior.
El niño aprende informalmente antes de ir a la escuela guiado por el interés y la curiosidad. Aunque el verbo aprender es invisible para él, aprende a caminar, a escuchar, a hablar, a leer. Todo le interesa y se enriquece con cada respuesta. Indagar sobre el porqué de las cosas es su camino al aprendizaje.
La escuela detiene su progreso privilegiando el aspecto social y regulador, lo incentiva a lograr un conocimiento promedio y no a descubrir al genio interior. Los niños que lo consiguen y se guían por su genio son los que salen de la mediocridad y alcanzan la excelencia. 
La escuela es el mapa ideal, la realidad es el territorio; el niño deberá gestionar su futuro. En el trayecto descubrirá que el mapa no es el territorio. La escuela atrasa: si resucitaran un médico y un maestro del siglo XIX, el médico debería estudiar de nuevo y el maestro podría seguir dando clases.
“Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela", decía Einstein.
Bill Gates era un hijo-problema. Desordenado y desobediente, discutía todo. Su padre, el abogado Gates, de fuerte carácter, no lograba que el chico le hiciera caso y contrató a un psicólogo. - "¿Cuál es el problema?", preguntó el psicólogo. - "Mis padres y yo estamos en guerra", respondió Bill Gates. - "¿Qué discuten?”, preguntó el psicólogo. Sé discute quien manda. Los Gates con el tira y afloje consiguieron que estudiara en Harvard. El padre quería que fuera abogado. Un día, Bill les informó que abandonaba sus estudios para radicarse en Alburquerque, ciudad donde creó la empresa Microsoft. Bill pudo lograr que su entorno social no trabara al genio que llegó a ser.
Aprender es la habilidad esencial. Aprender es el cambio que genera un conocimiento nuevo. Se comprueba haciendo algo que antes no se podía. Aprender exige recordar y sus mejores amigos son saber lo que se quiere y conocerse a sí mismo. Sus enemigos son andar a la deriva y la soberbia. 
Sócrates dijo “sólo sé que no sé nada”. Para aprender hay que estar un poco enojado, detectar algo que falla entre el conocimiento que se posee, los objetivos que se persiguen y la realidad. 
El error es la fuente del aprendizaje: el que no hace no se equivoca pero tampoco aprende. Para la ley de Murphy lo que puede salir mal va a salir mal, por la diversidad de las causas. Para enfrentarla hay que educar al cerebro. Pareto advirtió que el 20% de los ítems de un problema producen el 80% del resultado. Hay que aprender a distinguir lo urgente de lo importante y hacer palanca sobre los factores que generan valor. No existen vientos favorables si no sabes a dónde quieres llegar. 
Aprender es una tarea de tiempo completo para toda la vida, los años vienen solos pero la capacidad no. El aprendizaje es inconsciente, no se advierte porque responde al deseo. Cuando se pierde la pasión, se olvida cómo se aprendió y se intenta aprender por sistemas artificiales. Así se llega al estado vegetativo. 
El feedback continuo con la realidad es el que evita que un error se convierta en hábito.
Aprender haciendo. La mejor forma de aprender es trabajar, no separar el conocimiento de la práctica. 
El cerebro se construye: al nacer es una posibilidad, una página en blanco. En lugar de completarla en piloto automático el que aprende a aprender genera neuroplasticidad -la capacidad cerebral de autoformatearse con la experiencia- para resguardar los formatos productivos del hacer.
La tecnología no es la garantía del aprendizaje pero se complementan si hay motivación, ideas y desafíos. El conocimiento se almacena pero ingresa al cerebro con la práctica. El aprendizaje ocurre al aplicar lo que se estudió, es experiencia, lo demás es información. La sabiduría asocia el conocimiento con la experiencia.
El e-mail es la herramienta más usada, pero sin integrarla a plataformas colaborativas, tiene todas las de perder. Churchill dijo “odio que me enseñen pero me encanta aprender”. Un entorno de aprendizaje informal demanda libertad, autonomía y autogestión. El conocimiento se internaliza sin saber cómo. 
No es cuestión de enseñar sino de aprender. Enseñar es ponerse del lado del profesor, aprender es concentrarse en el protagonista. Si aprender es trabajar la tarea debe ser atractiva y desarrollar las destrezas el requisito. Más que un transmisor el alumno necesita un coach que le plantee desafíos y que le brinde feedback ante los problemas.
Destrezas genéricas y técnicas. La primera tecnología creada por el hombre fue la lectura y sigue siendo la madre de todas las demás. Leer, escuchar recordar, pensar y comunicar son operaciones mentales claves que pasan desapercibidas. 
Para educar al genio debe aprender a ser: a descubrir su misión en la vida, aprender a aprender: a dominar las mejores técnicas de estudio asumiendo las metas del perfeccionamiento y la educación permanente, aprender a hacer: a convertir sus conocimientos en resultados, aprender a convivir: a desarrollar la inteligencia social. Combinando motivación, competencia y metodología se potencia la autoestima, el capital invisible que posibilita cualquier logro significativo. Ni el colegio ni la universidad trabajan sobre ellas, porque son difíciles de enseñar y de evaluar, ya que los docentes dominan los contenidos pero no los métodos que cómo dijo Nietzche “son la mayor riqueza del hombre”. 
Las claves para lograr el poder inteligente y educar al genio son: la pasión por aprender -la consecuencia necesaria de saber lo que se quiere- , y aprender a conseguirlo – la consecuencia suficiente que se sustenta en el poder de los métodos-. 
Elliot preguntó: “¿dónde está el conocimiento que se perdió con la información? ¿dónde está la sabiduría que se perdió con el conocimiento?”. En el cine uno es espectador, en la vida hay que presentar entornos que motiven al talento, proyectos desafiantes, recursos para gestionar el saber y el aprender. Hay que encantar al genio ofreciéndole cooperación y colaboración más que orden y control.
El éxito se logra día a día, lo que no se usa se pierde. Las acciones correctas dependen de las buenas decisiones que derivan del conocimiento que resulta del arte de aprender. El que conoce y aprende avanza, los asocia en la práctica y los retiene para usarlos después. No se puede vivir sin aprender. 
El conocimiento y el aprendizaje convirtieron al genio de Bill Gates en el hombre más rico del mundo. No fue lo que sus padres soñaron. La madre le dijo: una persona millonaria debe ayudar al prójimo. Ella falleció en 1994. Su padre insistió para que donara parte de su fortuna. Bill le hizo caso y su padre, fue el director de la "Fundación Bill y Melinda Gates" que administra 30.000 millones de u$s con fines benéficos. Estos padres transmitieron un principio ético. Bill Gates escuchó el mensaje. 
El árbol se conoce por sus frutos. Bill Gates fue el hijo rebelde de una familia con valores que regían hace 50 años: el hombre trabaja, la mujer en casa. Hoy la fórmula es la sinergia entre enteros y no la de dos mitades, ya no se busca la media naranja. Cuanto más se trabaja la individualidad más se cultivan relaciones afectivas, positivas y durables. Formar una familia es una misión compleja. Lo que deben lograr los padres, es que su hijo aprenda a ser único e irrepetible y que descubra al genio que lo habita. Porque el niño teledirigido desde su entorno tiene un radar que le dice lo que debe hacer. En cambio, el niño autodirigido posee una brújula interna que le señala el camino correcto. Aprendió a inhalar información y a exhalar conocimiento, la fórmula para educar al genio. 
* CEO de ILVEM horaciokrell@ilvem.com




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