Inteligencia social

                                   EL ARTE DE LA MOTIVACIÓN * por Horacio Krell

 


 

INTELIGENCIA SOCIAL

 

La inteligencia social es  el capital intangible  más importante que el hombre puede tener, ya que  representa el valor de todas las relaciones que posee, su capital social.

Los ideales de trabajo en equipo y sociedad solidaria chocan con los conflictos humanos. El lazo social  puede cortarse por el hilo delgado de las relaciones interpersonales.

El comportamiento de un individuo depende de su capacidad perceptiva, que es la ventana por la que incorpora el mundo. Lo real es uniforme pero lo que importa es la percepción. Por ejemplo, si se selecciona basura,  basura se guarda y se emite. La tendencia a percibir en piloto automático evita ser invadido por múltiples estímulos, pero impide el ingreso de valiosa información. Con la bipedestación, la mano reemplazó a la boca, el cerebro se desarrolló, nacieron el alfabeto y el pensamiento; y se perdió agudeza sensorial, elemento clave de la inteligencia social. Los conceptos abstraen lo general de lo particular, con ellos se lee, se filtra, se traduce y se interpreta. Como son filtros falibles, no aceptemos que “lo vi con mis propios ojos”, ya que los ojos perciben a través de cristales deformadores.

Inteligencia social y emocional. El pensamiento no puede certificar la percepción ya que también es promotor de los errores. El pensador no puede superar la calidad de los datos en los que cree, ni cambiar los contenidos de la memoria. Además la emoción actúa sobre la percepción como una guía poderosa pero imprecisa y primitiva. Apelar a la  racionalidad no debe ocultar la importancia del sentimiento, cuya interacción con el pensamiento genera intenciones que llevan a la acción. ¿Se puede hacer inteligente la pasión?

Para desarrollar el poder capaz de las acciones productivas, al querer hay que sumarle la eficacia. Entonces, identificar el querer  es primordial, porque quien no sabe a que puerto desea arribar no consigue vientos favorables.

Como no existe la inmaculada percepción y sí la racionalidad limitada, hay que dudar de la inteligencia social sabiendo que es habitual interpretar a  favor de uno mismo, condicionado por emociones incontrolables y por creencias, valores e impulsos egoístas formados en una sociedad competitiva que conducen al autoritarismo consecuente.

La memoria bien estructurada evita repetir errores. Conocer sus límites enseña a  negociar sin arrogancia, a considerar que si dos no quieren uno no puede y a ser responsables. Somos libres para decidir pero sepamos que los mejores resultados surgen cuando inteligencia social dirige la poderosa red de interacciones entre actos propios y  ajenos.

Como en el ajedrez somos piezas del tablero social en interacción con otras piezas y con las reglas del  juego. Un peón puede ganar una partida y una neurona vale más si está conectada con las demás. El principio base de la inteligencia social es que solo no se puede.

Dijo John Donn cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad, por consiguiente: Nunca preguntes por quien doblan las campanas, las campanas doblan por ti.

La tendencia a ver y juzgar a los demás desde una perspectiva egocéntrica, y a engañarse separando lo que se dice de lo que se hace, promueve acciones contradictorias con los principios que se enuncian. Como formamos parte de numerosos grupos cuyo éxito será también el nuestro, aprendamos a generar un comportamiento en el cual los errores se conviertan en guías del aprendizaje social: seamos creadores de equipos de alta productividad  con inteligencia social. El test de la excelencia consiste en estudiar los grupos humanos en los que intervenimos evaluando el resultado de nuestras producciones sociales en  familia, amistades, trabajos y relaciones.  Así podremos evaluar el capital social que creamos en nuestra vida: “Dime con quien andas y te diré quien eres”.

La realidad exterior existe pero lo valioso es como cada uno pueda construirla interiormente, para recrear un mundo en el que todos podamos habitar.

* Dr. Horacio Krell, dirige a ILVEM. Consultas a horaciokrell@ilvem.com.

 

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